Jamie Bell: “Mientras más tiempo vivimos escondidos, más destruimos nuestra propia vida y la de quienes amamos”

Después de sacudir a la televisión con Baby Reindeer, Richard Gadd regresó con Half Man, una miniserie de seis episodios para HBO y BBC que abandona el thriller psicológico para adentrarse en un territorio todavía más doloroso: la masculinidad, el trauma, la identidad sexual y la dependencia emocional. 

A lo largo de tres décadas seguimos la relación entre Niall y Ruben, dos hombres unidos por una amistad que poco a poco se convierte en una prisión emocional de la que ninguno consigue escapar. Dirigida por Alexandra Brodski y Eshref Reybrouck, la serie encuentra en Jamie Bell una interpretación extraordinaria. El actor británico que inició su carrera con la entrañable Billy Elliot, construye aquí un personaje lleno de contradicciones, incapaz de aceptar quién es realmente mientras intenta sobrevivir bajo la influencia de un hombre que ama, teme y necesita al mismo tiempo. Conversamos con Bell sobre ese viaje emocional, la complejidad de Niall y la forma en que Half Man cuestiona muchas ideas preconcebidas sobre lo que significa ser hombre.

Cortesía de HBO MAX

Has dicho que trabajar en Half Man te llevó a reflexionar sobre tu propia idea de la masculinidad. ¿Cómo describirías la relación que has tenido con ese concepto a lo largo de tu vida y qué abrió esta serie dentro de ti?

Crecí en una casa completamente rodeado de mujeres. Era el niño que iba a clases de danza tres o cuatro veces por semana, así que mi infancia transcurrió en ambientes profundamente femeninos. Siempre sentí que mi masculinidad era incompleta o que me faltaban referentes masculinos. Buscaba esas figuras en actores, directores o personas que admiraba, casi como si inconscientemente intentara llenar ese vacío.

Con el tiempo entendí que haber crecido así fue una enorme fortuna. Me permitió mirar el mundo desde otra perspectiva, especialmente durante los años noventa, cuando muchas conversaciones sobre igualdad todavía estaban lejos de existir. Siempre sentí que observaba la masculinidad desde afuera.

Lo que realmente me enseñó Half Man no tiene tanto que ver con ser hombre como con ser humano. La serie muestra hasta dónde somos capaces de destruirnos a nosotros mismos cuando preferimos esconder la verdad antes que enfrentarla. A veces el camino más sencillo sería aceptar quiénes somos, sacar la oscuridad a la luz, dejar de vivir en las sombras. Pero cuando uno pasa demasiado tiempo ocultándose, no solo termina destruyéndose a sí mismo, también arrastra a quienes ama. Creo que Richard escribió esa idea de una forma extraordinariamente poderosa.

Niall vive permanentemente al borde del colapso emocional. ¿Cómo fue permanecer durante tantos meses dentro de ese estado mental?

Fue agotador. Honestamente, muchas mañanas no quería ir al rodaje. Recuerdo contar los minutos que me quedaban en casa antes de tener que subirme al coche e ir al set porque sabía que iba a pasar todo el día en un estado constante de tensión.

Richard quería que toda esa ansiedad estuviera siempre presente, apenas escondida bajo la superficie. Yo imaginaba que alguien que ha vivido toda su vida mintiendo terminaría aprendiendo a ocultar mejor sus emociones, pero él quería exactamente lo contrario: que el público pudiera sentir que Niall estaba a punto de romperse en cualquier momento.

Curiosamente, las escenas de intimidad fueron casi un descanso. Teníamos una coordinadora fantástica y todo el mundo trabajó para que fueran rodajes seguros, pero, comparadas con la tensión psicológica permanente del personaje, resultaban casi liberadoras. Al menos durante esas escenas podía concentrarme en algo físico y dejar de vivir dentro de esa ansiedad constante.

Cuando terminé la serie le dije a Richard que probablemente había sido el trabajo más difícil que había hecho como actor. Incluso él se sorprendió cuando se lo confesé.

Cortesía de HBO MAX

Hay una escena en el sauna donde Niall habla con otro hombre sobre su relación con Alby. Es un momento muy íntimo y profundamente humano. ¿Qué representa esa escena para ti?

Creo que Niall nunca se permite sentir plenamente lo que Alby significa para él. Es una persona demasiado importante, demasiado vulnerable, demasiado preciosa como para enfrentarse realmente a esos sentimientos.

En cambio, el sexo sí representa algo que entiende, incluso algo que disfruta. Existe una parte casi compulsiva en esa búsqueda constante de encuentros sexuales. Esa conversación en el sauna me parece uno de los pocos momentos donde baja la guardia y deja entrever una parte auténtica de sí mismo. Cuando leí esa escena pensé: “No puedo creer que vayamos a rodar esto”. Pero una vez allí comprendí perfectamente por qué Richard la había escrito así.

La dificultad de Niall para aceptar su orientación sexual atraviesa prácticamente toda la serie. ¿Por qué crees que le resulta tan imposible asumir quién es?

Hay muchos factores. Está la época, está Glasgow, está la educación que recibió. Yo crecí en un pequeño pueblo obrero del norte de Inglaterra y durante los años noventa escuché muchísimas cosas horribles sobre la homosexualidad en los patios del colegio.

Hoy miro hacia atrás y pienso que probablemente muchos de quienes decían esas cosas estaban luchando con sus propios conflictos. Todo eso se transmite de generación en generación.

Además estaba el miedo provocado por la epidemia del sida. Para muchos jóvenes de aquella época la homosexualidad no solo significaba rechazo social; también parecía una condena.

Pero, más allá de todo eso, creo que Niall depende emocionalmente de Ruben. Él obtiene su fuerza, su sensación de seguridad y hasta su identidad a través de esa relación. Admitir quién es realmente significaría perder la aprobación de Ruben. En su cabeza eso equivale a dejar de existir. Para él no es solo una cuestión de identidad; es una cuestión de supervivencia.

Richard Gadd suele escribir personajes que nunca son completamente víctimas ni completamente victimarios. ¿Cómo trabajaste esa ambigüedad en Niall?

Era fundamental no juzgarlo. Si como actor empiezas a pensar que un personaje está tomando malas decisiones, automáticamente dejas de comprenderlo. Yo necesitaba creer que, para Niall, cada una de esas decisiones tenía sentido en ese momento.

Lo maravilloso del guion de Richard es que nunca busca ofrecer respuestas fáciles. Niall puede ser profundamente egoísta y, al mismo tiempo, provocar una enorme compasión. Puede herir a las personas que ama mientras intenta desesperadamente proteger una parte de sí mismo que siente incapaz de mostrar al mundo.

Nunca quise interpretarlo desde la culpa. Quería entender el miedo que hay detrás de cada una de sus acciones. Creo que el miedo es el verdadero motor del personaje.

La serie transcurre durante varias décadas. ¿Cuál fue el mayor desafío al construir esa evolución sin perder la esencia del personaje?

Lo hablamos muchísimo con Richard. No queríamos que los cambios fueran superficiales, que todo dependiera del maquillaje o del peinado. Lo importante era que el público sintiera el peso del tiempo.

Con los años, Niall no se vuelve necesariamente más sabio. Lo que hace es cargar con un volumen cada vez mayor de culpa, de arrepentimientos y de decisiones que nunca se atrevió a enfrentar. Todo eso termina modificando su cuerpo, su manera de hablar, incluso la energía con la que entra a una habitación.

Lo interesante era mostrar que el tiempo no cura aquello que uno se niega a afrontar. A veces simplemente acumula más dolor.

Cortesía de HBO MAX

La relación entre Niall y Ruben está atravesada por el amor, la dependencia, la culpa y la frustración. ¿Cómo construyeron esa química con Richard Gadd?

Desde el principio hablamos mucho sobre evitar cualquier artificio. Richard escribió algo muy íntimo y personal. Eso significaba que nuestra relación delante de la cámara tenía que sentirse completamente auténtica.

Pasamos mucho tiempo conversando, ensayando y entendiendo quiénes eran estos dos hombres antes incluso de que comenzara la historia. Lo más importante era que el público creyera que llevaban décadas compartiendo una vida.

La relación cambia constantemente. Hay momentos de ternura, otros de rabia, de rechazo, de dependencia. Nunca permanece quieta. Eso fue probablemente lo más complejo y también lo más gratificante de interpretar.

A pesar del dolor que atraviesa toda la serie, también existe una profunda necesidad de amor y de conexión. ¿Qué esperas que encuentre el público en Half Man?

Espero que encuentre empatía. No creo que la serie intente decirle al espectador qué pensar. Lo que hace es invitarlo a comprender a personas que quizá, desde afuera, parecerían muy distintas a él.

Todos escondemos algo. Todos sentimos vergüenza por alguna parte de quienes somos. La diferencia está en cuánto tiempo dejamos que esa vergüenza controle nuestra vida. Si la serie consigue que alguien tenga una conversación que nunca se había atrevido a tener, o que se permita ser un poco más honesto consigo mismo, entonces habrá valido completamente la pena.

Después de interpretar a Niall, ¿qué fue lo que más permaneció contigo una vez terminó el rodaje?

Creo que la idea de que la verdad siempre termina encontrando una forma de salir. Puedes esconderla durante años, incluso durante décadas, pero el costo de hacerlo es enorme.

Eso fue lo que más me acompañó cuando terminé la serie. Pensar en cuánto sufrimiento podría evitarse si las personas encontráramos un espacio donde sentirnos aceptadas tal y como somos.

Richard escribió una historia muy específica, pero creo que habla de algo profundamente universal. Todos buscamos ser vistos. Todos queremos sentir que pertenecemos a algún lugar. Y cuando creemos que no es posible, empezamos a construir versiones falsas de nosotros mismos. Mantener esas versiones termina siendo muchísimo más agotador que decir la verdad.

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