Hace apenas unos años, imaginar a dos artistas de música popular colombiana llenando escenarios alrededor del mundo parecía una apuesta arriesgada. Hoy es una realidad. Mientras el llamado “regional colombiano” continúa ampliando su alcance fuera de las fronteras del país, Paola Jara y Jessi Uribe se han convertido en dos de los nombres que mejor representan ese crecimiento internacional del género.
La prueba más reciente llegó con Despecho a 2 voces, el primer proyecto de larga duración que la pareja realiza en conjunto. El álbum, compuesto por 11 canciones y encabezado por el sencillo ‘Infidelidad’, llegó acompañado de una gira internacional que los llevó por varias ciudades europeas y que tuvo uno de sus momentos más destacados con un lleno total en La Cubierta de Leganés, en Madrid, donde reunieron a más de 8.000 asistentes.
En conversación con ROLLING STONE en Español, los artistas hablaron sobre el buen momento que vive la música popular colombiana, el proceso creativo detrás de su reciente lanzamiento, su relación con la Inteligencia Artificial y la experiencia de equilibrar la vida familiar con una carrera que cada vez encuentra más escenarios fuera de Colombia.
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A poco más de un mes de su lanzamiento, Despecho a 2 voces, que nació con la intención de reunir en un mismo proyecto las experiencias, sensibilidades y visiones artísticas que ambos han construido a lo largo de sus carreras, parece haber cumplido sus expectativas.
Para Jessi, el recibimiento del público ha sido una confirmación de que la apuesta valió la pena. Después de colaborar en éxitos como ‘Como si nada’, esta era la primera vez que tenían la oportunidad de construir un álbum completo juntos. “Queríamos hacer un proyecto donde pudiéramos expresar lo que sentimos y contar historias con las que la gente se identificara. Ver la reacción del público ha sido muy bonito, especialmente con canciones como ‘Infidelidad’, que ha tenido una respuesta increíble tanto en plataformas como en los conciertos”, asegura.
Paola coincide en que gran parte del atractivo de este trabajo radica en la conexión que existe entre ambos, no solo como pareja sino también como colegas. Aunque aclara que no todas las canciones reflejan experiencias personales, reconoce que muchas de las emociones que atraviesan el álbum parten de situaciones universales. “Todos hemos vivido el despecho, las discusiones o los momentos difíciles en una relación. La música siempre termina siendo una forma de desahogo”, explica.
Ese vínculo artístico también ha ido de la mano con el crecimiento que ha experimentado la música popular colombiana durante los últimos años. Para Jara, el lugar que hoy ocupan dentro del género es el resultado de décadas de trabajo individual que terminaron potenciándose al unir fuerzas. “Son dos carreras, dos equipos de trabajo y dos públicos que se encuentran. Llevamos muchos años luchando por nuestros sueños y creo que eso se refleja en los resultados que estamos viendo hoy”, afirma.
Uribe, por su parte, prefiere hablar de logros colectivos antes que de protagonismos individuales. En ese sentido, considera que proyectos como Despecho a 2 voces también ayudan a abrir camino para otros artistas del género. El cantante destaca que la gira internacional de la pareja los ha llevado a escenarios y territorios donde la música popular colombiana aún está construyendo presencia, desde Europa hasta países de Centroamérica. “Hemos llegado a lugares donde muchos artistas de nuestro género todavía no han tenido la oportunidad de presentarse. Eso demuestra que la música popular está creciendo y que cada vez hay más personas interesadas en escucharla”, señala.
Esa expansión internacional quedó en evidencia durante su reciente recorrido por Europa, donde ofrecieron conciertos en ciudades como Madrid, Barcelona y París. Más allá de las cifras y los llenos totales, Jessi recuerda especialmente la posibilidad de reunir en un mismo escenario a los seguidores de ambos artistas. “Siempre nos decían que soñaban con vernos juntos en concierto. Esta gira nos permitió hacerlo realidad. Creamos un espectáculo de más de tres horas en el que cantamos mano a mano y la respuesta de la gente fue maravillosa”, cuenta.
Para Paola, sin embargo, la experiencia va más allá de lo musical. Cada presentación fuera de Colombia representa también una oportunidad para reencontrarse con quienes llevan años lejos de casa. “Cuando uno canta en otro país, siente que está llevando un pedacito de Colombia a quienes emigraron y extrañan su tierra. Hay algo muy especial en encontrarse con esos latinos que buscan reconectarse con sus raíces a través de la música”, concluye.
Aunque la música popular colombiana comparte raíces evidentes con el regional mexicano, Jessi Uribe considera que el crecimiento internacional del género no pasa por una competencia entre ambos movimientos, sino por la capacidad de cada uno para ampliar sus fronteras. Tanto él como Paola crecieron interpretando rancheras y trabajando con mariachis, por lo que entienden la influencia mexicana como parte fundamental de su formación artística. “Siempre hemos visto la música popular como una ramita del regional mexicano. Nuestro sueño es que en México conozcan lo que hacemos en Colombia, así como muchos artistas mexicanos sueñan con tener éxito aquí y en otros países de Latinoamérica”, explica Uribe. Para él, esa conexión también ayuda a entender el auge de las colaboraciones entre artistas de ambos países. Más que una estrategia comercial, las ve como una oportunidad para conectar audiencias y abrir nuevos espacios para los dos movimientos.
Pero si algo ha cambiado el panorama de la música popular colombiana en los últimos años ha sido la creciente presencia de las mujeres dentro de un género históricamente dominado por hombres. Paola Jara reconoce que abrirse camino no ha sido sencillo y que alcanzar posiciones de protagonismo ha requerido años de trabajo y persistencia. “Para las mujeres siempre ha sido más difícil llegar. Nos ha tocado luchar mucho más y abrir puertas que antes parecían cerradas, pero poco a poco eso ha ido cambiando. Ya estamos presentes en los grandes conciertos y en escenarios que antes parecían reservados para los hombres”, afirma.
La artista destaca que ese avance no ha sido individual, sino el resultado del trabajo de varias generaciones de intérpretes que han contribuido a ampliar la visibilidad femenina dentro del género. También señala que el fenómeno trasciende la música popular y se refleja en distintas escenas musicales, donde cada vez más mujeres ocupan posiciones de liderazgo. En ese sentido, menciona el caso de Karol G como una muestra de cómo las barreras históricas pueden romperse incluso en espacios que durante años parecieron inaccesibles. “Ver a una artista colombiana alcanzar ese nivel en un género que también estuvo dominado por hombres demuestra que las mujeres pueden llegar muy lejos. Lo importante ahora es seguir trabajando para mantenerse”, asegura.
Uribe coincide en que la presencia femenina ha sido determinante para el crecimiento reciente de la industria. Más allá de las cifras, destaca la capacidad que tienen artistas como Paola para conectar con públicos diversos y generar identificación incluso entre oyentes que, en principio, no comparten las experiencias narradas en las canciones. “Lo que me impresiona es ver cómo canciones como ‘Mala mujer’ terminan siendo cantadas también por hombres. No necesariamente porque se identifiquen con la letra, sino porque conectan con la interpretación y con la emoción que transmite quien la canta”, comenta.
Para ambos, la creciente visibilidad de las mujeres ha contribuido a que la música popular colombiana llegue a nuevas audiencias y encuentre espacios que antes parecían impensables. Un fenómeno que, según Jessi, también ha quedado demostrado en otros géneros y que hoy se traduce en una industria más abierta, diversa y con mayores posibilidades de crecimiento internacional.

Más allá de ser una colección de canciones, Despecho a 2 voces fue concebido como un proyecto construido desde cero por Paola y Jessi. A diferencia de colaboraciones anteriores, esta vez ambos participaron activamente en todo el proceso creativo, desde la selección del repertorio hasta el desarrollo de las letras, los arreglos y el concepto general del álbum.
Según Jessi, uno de los principales objetivos era que las canciones reflejaran emociones y experiencias reales, aunque no necesariamente situaciones que estuvieran viviendo en el presente. “Queríamos decir cosas que hemos sentido en algún momento de nuestras vidas. Hay canciones que hablan de infidelidad, otras que hablan del amor que permanece, de la esperanza o de las despedidas. Le cantamos al desamor, al amor, a lo que llega y a lo que se va”, explica.
Paola añade que la construcción del disco tomó más de un año y estuvo marcada por un proceso de selección minucioso. Durante meses escucharon propuestas, grabaron maquetas, descartaron temas y ajustaron otros hasta encontrar un repertorio que funcionara como una obra completa y no simplemente como una suma de sencillos. “Intentamos que hubiera un hilo conductor entre las canciones, que de alguna manera dialogaran entre sí. Aunque no todas cuentan historias nuestras, sí están inspiradas en emociones que cualquier persona ha vivido alguna vez”, señala.
Esa búsqueda también dejó espacio para momentos especialmente personales. Uno de ellos fue ‘Pedacito de mí’, una canción que nació a partir de la llegada de Emilia, la hija de la pareja. Aunque inicialmente fue concebida como una declaración de amor hacia la pequeña, con el tiempo terminó adquiriendo un significado más amplio. “Es una canción que puede dedicarse a muchas personas importantes en la vida: un hijo, un padre, un hermano. Habla de esos vínculos que terminan convirtiéndose en una parte de uno mismo”, comenta Jessi.
Sin embargo, si hay una canción que ha concentrado buena parte de la atención del público es inevitable no pensar en ‘Infidelidad’. El tema, escogido como focus track del álbum, rápidamente se convirtió en uno de los más comentados por los seguidores de la pareja y encontró una segunda vida en redes sociales gracias a miles de videos creados por los usuarios. Para Uribe, el éxito de la canción tiene que ver con la universalidad de su historia. “Pao y yo siempre hemos conectado muy bien con el despecho y con las emociones difíciles. Esta canción nace de la posibilidad de contar una historia que muchas personas han vivido o conocen de cerca. La música sirve precisamente para eso: para desahogarse y para que otros encuentren algo de sí mismos en lo que uno canta”, afirma.
Aunque ‘Infidelidad’ se ha convertido en la principal carta de presentación del proyecto, ambos coinciden en que resulta difícil escoger una sola favorita dentro del repertorio. Entre las que más significado tienen para ellos aparece ‘Aún hay amor’, un tema que ambos mencionan de inmediato cuando se les pregunta por las canciones más especiales del álbum. Sin embargo, reconocen que la percepción cambia constantemente cada vez que vuelven a escuchar el proyecto completo.
Ese reencuentro con las canciones también quedó reflejado en una transmisión especial realizada tras el lanzamiento. Durante más de tres horas, Paola Jara y Jessi Uribe interpretaron en vivo los temas del proyecto junto a varios de los éxitos más representativos de sus carreras. El encuentro superó el millón de espectadores conectados, una cifra que confirma el momento de popularidad que atraviesa la pareja y la conexión que han logrado construir con su audiencia dentro y fuera de Colombia.
Detrás de las cifras, las giras y la recepción del público, El disco también estuvo acompañado por desafíos que pusieron a prueba la dinámica artística y personal de la pareja. Para Paola, una de las etapas más complejas fue la selección del repertorio, una decisión que implicaba encontrar un equilibrio entre los gustos personales, las expectativas del público y las exigencias de la industria actual. “Siempre existe esa batalla entre lo que te gusta a ti, lo que puede gustarle a la gente y lo que funciona comercialmente. A veces uno se enamora de una canción, pero también tiene que pensar en cómo encaja dentro del proyecto completo”, explica la cantante. Durante más de un año, ambos revisaron propuestas, ajustaron detalles y debatieron sobre melodías, letras y arreglos hasta llegar a una selección que satisficiera a los dos.
Sin embargo, para Jara uno de los aspectos que más inquieta a los artistas actualmente ocurre después del lanzamiento. En una industria dominada por la velocidad de las plataformas digitales y las redes sociales, siente que cada vez es más difícil lograr que el público se detenga a escuchar un álbum completo. “La música se ha vuelto muy rápida y, en cierta medida, desechable. Muchas veces la gente se queda con el fragmento que escucha en TikTok y no alcanza a descubrir todo lo que hay detrás de las demás canciones. Eso genera un poco de nostalgia porque un álbum representa muchísimo trabajo y uno quisiera que las personas se tomaran el tiempo de recorrerlo completo”, reflexiona.
Para Jessi, los mayores retos fueron menos musicales y más personales. Entre risas, reconoce que ponerse de acuerdo con una colega ya puede ser complicado, pero hacerlo con la esposa añade una capa adicional de dificultad. Aun así, asegura que el verdadero desafío apareció fuera del estudio.
La grabación del álbum coincidió con los primeros meses de vida de Emilia, una etapa que obligó a reorganizar horarios, sesiones de grabación, rodajes y compromisos profesionales. “Cuando hicimos el video, la niña apenas tenía unos tres meses. Había momentos en los que Paola estaba grabando y al mismo tiempo pendiente de Emilia. Cuadrar los tiempos fue probablemente lo más difícil de todo el proceso”, recuerda.
Esa experiencia terminó convirtiéndose en una de las razones por las que ambos sienten un cariño especial por el proyecto. “Este álbum está marcado por todo lo que vivimos durante ese tiempo. No solo éramos colegas trabajando en un disco; éramos una pareja aprendiendo a ser padres mientras intentábamos sacar adelante un proyecto tan importante”, añade el cantante.
La conversación inevitablemente conduce a la paternidad, un tema que ambos reconocen seguir aprendiendo a gestionar. Aunque Jessi ya había vivido la experiencia de ser padre, para Paola se trata de una etapa completamente nueva, y si algo tienen claro es que todavía están lejos de encontrar el equilibrio perfecto entre la vida familiar y una agenda profesional que los obliga a viajar constantemente. “Estamos aprendiendo”, responde Paola entre risas cuando se le pregunta cómo logran conciliar ambas facetas.
Jessi coincide. Entre giras internacionales, conciertos en distintas ciudades y compromisos comerciales, la logística familiar se ha convertido en uno de los mayores desafíos de su día a día. “Todavía estamos intentando encontrar ese balance. Hay momentos en los que yo estoy de gira, Paola tiene presentaciones en otro lugar y entonces surge la pregunta de con quién se queda la niña. Es algo que seguimos construyendo sobre la marcha”, admite.
Por ahora, ambos encuentran tranquilidad en el apoyo de sus familias y de las personas que los rodean. Mientras aprenden a navegar esta nueva etapa, entienden que el éxito profesional y la vida personal ya no son caminos separados, sino dos historias que avanzan al mismo tiempo. Y, en muchos sentidos, Despecho a 2 voces terminó siendo el reflejo más claro de esa realidad.
Si el regional colombiano atraviesa un momento de transformación, la industria musical en general también enfrenta cambios profundos impulsados por nuevas herramientas tecnológicas. Entre ellas, la inteligencia artificial se ha convertido en uno de los temas más debatidos dentro del sector creativo, una discusión que también ha llegado a artistas, compositores y productores.
Jessi Uribe reconoce que apenas está explorando las posibilidades de estas herramientas, aunque ya forman parte de algunos momentos de su proceso creativo. El cantante cuenta que suele utilizarlas para convertir ideas iniciales en maquetas que luego comparte con otros músicos y posibles intérpretes. “Yo escribo canciones y muchas veces utilizo herramientas como Suno para escuchar una primera versión, hacerme una idea de cómo podría sonar y mostrarla a otras personas. En ese sentido, la inteligencia artificial se ha convertido en una ayuda muy importante”, explica.
Sin embargo, considera que el impacto de estas plataformas no puede analizarse únicamente desde las ventajas que ofrecen. Para él, la misma tecnología que facilita el acceso a la creación musical también modifica dinámicas laborales que durante años sostuvieron a productores, ingenieros y otros profesionales de la industria. “Antes, cuando alguien quería hacer una maqueta, tenía que contratar un productor, trabajar con ingenieros y mover toda una cadena de personas. Hoy muchas de esas tareas se pueden resolver con una suscripción mensual. Eso beneficia a unos, pero también afecta a otros”, reflexiona.
Aun así, cree que estas herramientas pueden representar una oportunidad especialmente valiosa para artistas emergentes que no cuentan con los recursos necesarios para financiar producciones profesionales en las primeras etapas de sus carreras. Desde su perspectiva, la tecnología democratiza ciertas posibilidades que antes estaban reservadas para quienes tenían acceso a mayores presupuestos.
Paola Jara comparte una visión similar. Aunque reconoce los beneficios prácticos de la IA, especialmente para compositores que no necesariamente dominan un instrumento o el canto, también se pregunta cuáles serán las consecuencias de una dependencia creciente de estas herramientas en los procesos creativos y educativos. “Hay personas con muchísimo talento para escribir que ahora pueden presentar una maqueta mucho más completa gracias a estas plataformas. Eso es algo positivo. Pero también me pregunto hasta qué punto tanta tecnología va a terminar beneficiándonos o afectándonos como sociedad”, señala.
La cantante compara el fenómeno con otros avances tecnológicos que han transformado la forma en que las personas estudian, trabajan y acceden al conocimiento. Más que una crítica directa, plantea una inquietud sobre el equilibrio entre las capacidades humanas y las soluciones automatizadas.
Lejos de adoptar posiciones radicales, ambos coinciden en que la inteligencia artificial representa una herramienta con enormes posibilidades, pero también con desafíos que apenas comienzan a entenderse. Una conversación que, al igual que ocurre con la propia industria musical, parece estar apenas comenzando.

Aunque gran parte de su atención está puesta actualmente en la promoción de Despecho a 2 voces, tanto Paola como Jessi aseguran que 2026 todavía tiene varios capítulos por escribir. Además de continuar impulsando el álbum y la gira que acompaña su lanzamiento, ambos preparan nuevos proyectos individuales y colaboraciones que seguirán ampliando el alcance de sus carreras dentro y fuera de Colombia.
Jessi destaca el buen momento que atraviesa gracias al lanzamiento de su reciente colaboración con la agrupación mexicana La Adictiva, una apuesta con la que busca fortalecer su presencia en México y Estados Unidos. A esto se suma una nueva gira por territorio estadounidense y varios de los conciertos más importantes de su agenda para el segundo semestre del año.
Por su parte, Paola continuará desarrollando fechas internacionales, de las que destaca su presentación en Chile el próximo 5 de septiembre, y adelantó que ya trabaja en nuevas colaboraciones con artistas de distintos países de América Latina. Entre ellas, una de las más esperadas es una producción junto a Gloria Trevi, además de futuras alianzas con artistas de Argentina y Perú.
La gira de su último disco también seguirá sumando destinos. Ecuador, Venezuela y Costa Rica aparecen entre los mercados que la pareja espera visitar próximamente, mientras continúan consolidando una propuesta que ya demostró su capacidad para convocar públicos más allá de las fronteras colombianas., mientras que a finales de año llegará otro de los grandes retos para ambos: su presentación conjunta en el Movistar Arena de Bogotá. Un escenario que simboliza no solo el crecimiento de su proyecto como pareja artística, sino también el momento que atraviesa la música popular colombiana.
Si algo queda claro es que el fenómeno va mucho más allá de un álbum o de una gira. Entre el éxito internacional del género, la irrupción de nuevas voces femeninas, los cambios tecnológicos que atraviesan la industria y una generación de artistas decidida a expandir sus fronteras, la música popular colombiana parece estar viviendo uno de los capítulos más importantes de su historia reciente. Y Paola Jara y Jessi Uribe, con amor, despecho y una agenda que no deja de crecer, se han convertido en dos de sus protagonistas más visibles.
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