Milton toca la armónica mientras esperamos a que empiece la entrevista. “Es una locura. Es relativamente sencilla hasta que deja de serlo. Tocar notas limpias es difícil. Ahorita andamos en eso”, me cuenta mientras llegan Emilio y Mike.
Latin Mafia, el trío de hermanos mexicanos, viene de un viaje a París, pero también de un año intenso en el que su álbum debut evolucionó junto a ellos sobre el escenario; recorrieron el mundo y colaboraron con grandes nombres y marcas. En una pausa poco habitual, conversan con ROLLING STONE en Español sobre el desarrollo de su proyecto, uno de los más relevantes del momento. Hoy trabajan en su salud mental, en aprender cosas nuevas, reflexionan sobre el éxito y analizan cómo llevarán su música a su próxima etapa.
Se pueden contar con los dedos de una mano los proyectos en el panorama de la música en español que han llamado la atención como lo han hecho ellos en los últimos años. Latin Mafia ha sabido salir de su zona de confort y evolucionar cuando ha sido necesario, rompiendo reglas, divirtiéndose y entendiendo que la música se siente a flor de piel. Con ese enfoque, han conectado de manera profunda con un público cada vez más extenso y comprometido.
Su cercanía, obviamente, llegó mucho antes que su proyecto musical. Como hermanos siempre han sido unidos; compartiendo literas desde pequeños, de esas con un colchón que se desliza desde abajo. “Toda la vida hemos sido muy cercanos. Jugábamos americano, íbamos a clases de música juntos, siempre hemos sido una familia muy unida. Dormíamos en un cuarto, en una litera de tres”, dice Emilio. “Hasta después de un buen tiempo de ya poder vivir de la música, cuando ya nos iba relativamente bien, nosotros seguíamos viviendo en casa de nuestros papás. Fue muy divertido hacer el show del Velódromo, el primero, que fue para unas 2.000 personas, y regresar a dormir a nuestra casa. La cercanía para nosotros no es algo nuevo, es algo a lo que estamos muy, muy acostumbrados”, dice Milton. “Creo que eso ha sido bastante clave para nuestra dinámica como proyecto, no solo como hermanos o como amigos. No existe ese filtro de decir ‘No, la neta está horrible, eso te quedó mal, hay que hacer otra cosa’. Entre nosotros sí somos muy al chile [risas]”.
“El hecho de que nuestra dinámica venga desde un círculo familiar, desde este lazo sanguíneo, hace que sea un lugar bastante seguro, cómodo, amistoso. Sé que puedo decir algo y estoy en un lugar seguro”. –Milton de la Rosa
Desde muy temprano, y de forma natural, la música fue parte esencial en su vida cotidiana. “Siempre ha estado presente; ahora había que entenderla un poquito más”, explica Milton sobre esa inquietud inicial que los llevó a formalizar su aprendizaje en escuelas de música. Su acercamiento comenzó desde la exploración. “Cuando era niño era como, inconscientemente, decir, ‘Ah, pues voy a echar relajo con mis amigos, a descubrir’”, recuerda Mike. En ese proceso, la academia funcionó como un espacio de descubrimiento, impulsado también por sus padres: “Agradecemos mucho a nuestros papás porque siempre nos metieron en ese tipo de cosas… era muy divertido, pero muy recreativo, muy para explorar y saber qué era lo que nos gustaba”.
Esa relación con la música también se ha ido redefiniendo con el tiempo a partir del trabajo y la exigencia personal al seguir evolucionando a pesar de ya haber encontrado el éxito en su proyecto. Milton lo aterriza con una referencia a Tyler, the Creator. “Una vez dijo que a él le tocó hacerse bueno… que ya estaba haciendo cosas y tuvo que aprender a tocar el piano; no se sentía el más dotado naturalmente”. Para él, esa idea resuena directamente con su propio proceso: “Aunque no me siento bueno en algo concreto, soy muy bueno haciéndome bueno en las cosas”, dice, en contraste con el talento más intuitivo que reconoce en sus hermanos. “Mike es un genio para la producción… Emi también tiene un oído muy educado, muy buen gusto”, añade. “No le tengo miedo a intentar cagarla un millón de veces porque sé que, eventualmente… si algo no lo sabemos, lo vamos a hacer mal hasta que nos salga bien”. Más que una cuestión de talento innato, su enfoque está en la repetición, la (sana) obsesión y el trabajo constante.
Como es común en esta era de las pantallas, los mexicanos recolectaron miradas por medio de TikTok, pero la plataforma no solo les dio un público, también les permitió moldear su estilo a partir de la experimentación y de una rutina constante de crear videos musicalizados. “Creo que tuvimos el privilegio de no tener que sacar toda la música culera que sacas antes de la música chida”, dice Emilio. “Siento que es algo que siempre hemos dicho como consejo: ‘Haz mil canciones y saca la mil uno’. Fue un proceso en el que pudimos practicar hacer música diario, todos los días, todo el día, y también crear un deseo en la gente mientras hacíamos eso. Pero ya cuando nosotros nos sentíamos listos para sacar algo, era lo que sentíamos que ya valía la pena”, agrega Mike.
Sin embargo, el trío supo evolucionar y capitalizar los likes y reproducciones para convertirlos en escuchas: “Es un punto también muy importante, creo que supimos dejar TikTok en el momento correcto. No me refiero a dejarlo de que de la nada ya no hicimos nada, sino que era un estilo o un tipo de contenido que en ese momento nos estaba funcionando, pero al final nosotros sabíamos que queríamos ser músicos, no creadores de contenido de música”, dice Milton.

De esa práctica nacieron canciones que conectaron profundamente con el público mexicano y latino. Temas como ‘Julieta’, ‘Julietota’, ‘No digas nada’, ‘Patadas de ahogado’ con Humbe, ‘Sal rosa’ y ‘Perlas’, entre otros que publicaron bajo su nombre anterior, lvtin mvfia, evidenciaron un estilo versátil, fresco y atractivo. El trío creó una forma de hacer música que no se toma demasiado en serio a sí misma, pero que, al mismo tiempo, deja ver una vulnerabilidad genuina en sus letras y la sensibilidad que comparten los hermanos. Hoy, el trío se encuentra en otra etapa creativa que nació de la evolución que mostraron en su primer álbum, TODOS LOS DÍAS TODO EL DÍA, pero esas canciones siempre tendrán un lugar en su corazón. “Yo les tengo un aprecio muy bonito, porque gracias a esas canciones es que pudimos hacer el álbum. Gracias a eso llegamos a esas canciones, y por ese simple hecho yo estoy sumamente agradecido y las aprecio muchísimo”, dice Mike.
Emilio añade: “Es una parte de nosotros que siempre va a estar ahí. Siempre hemos dicho que en el disco fue la primera vez en la que nos sentamos a decir, ‘Esto es lo que queremos hacer’. Antes de eso sí pensábamos un poco en lo que era llegar a audiencias, buscar una viralidad, buscar una situación favorable para poder llegar a un punto de exploración”.
“Nosotros estamos más conectados, más identificados con la parte posterior al lanzamiento del disco, pero no odiamos para nada todo lo que hemos hecho antes. Al contrario, creo que es una etapa muy bonita que definitivamente era necesaria”, reflexiona Milton. “Somos muy creyentes de que no todo tiene que ser demasiado intenso, no todo tiene que tener demasiado peso”, agrega. “Estábamos mucho más jóvenes, experimentando, escuchando nuevos sonidos y conociendo nuevas cosas”.
Ese momento, explican, fue completamente necesario para llegar a donde están hoy, viviendo una etapa más madura, más seria, cruda y personal. Pero esa evolución no es una renuncia a algo. “Eso no quiere decir que no podamos volver a hacer cosas divertidas”. Canciones como ‘Hecho para ti’ con Omar Apollo, o ‘Cómo es que se hace’ con Yandel, lo confirman.
A propósito de los recientes Premios Óscar (al momento de la entrevista habían sucedido hace apenas unos días), Milton recordó un momento que se le quedó grabado. El discurso de Matthew McConaughey cuando ganó por Dallas Buyers Club. Ahí hablaba de tres cosas que siempre mantiene presentes en su manera de sobrellevar la vida: “Algo que admirar, algo que esperar con ilusión y algo que perseguir”.

“Se me hace muy cool esa dinámica con uno mismo”, dice, porque para él el verdadero riesgo está en pensar que ya llegaste. “En el momento en el que tú crees que eres el mejor en algo, ya perdiste”, explica, entendiendo el crecimiento como un proceso constante. Mantenerse con los pies en la tierra y con algo que perseguir es, para él, lo que sostiene el propósito que entienden como algo esencial para el desarrollo humano; “porque si no tienes hacia dónde ir, literalmente no tienes nada”.
Desde el inicio, Latin Mafia dejó claro que no buscaba encajar en un molde, ni seguir un estándar establecido, sino moverse desde su propia lógica creativa. “Yo considero que desde un inicio sabíamos que no queríamos hacer lo mismo que ya existía, porque ya existe”, explican sobre una postura que ha guiado su evolución. Más que replicar fórmulas, el grupo ha apostado por construir su propia versión de las cosas, incluso cuando no todo encaja de manera evidente: “Queríamos hacer nuestra versión de las cosas… incluso si no hace sentido, creo que está chido”. Esa flexibilidad se ha convertido en una constante en su proyecto, donde no hay una forma correcta o incorrecta de hacer las cosas.
Cuando el mundo esperaba —con la gran expectativa que en ocasiones se le atribuye a un debut de larga duración— un álbum que fuera por la línea de canciones como ‘Julietota’, con una fórmula que el trío ya sabía que funcionaba, los hermanos decidieron parar y preguntarse realmente qué es lo que querían hacer; así fue cómo el verbo “sentir” fue el concepto que le dio una estructura vertebral al proyecto.
¿Cómo y cuándo decidieron que esa sería la idea central del disco? “Creo que empieza desde que es algo que sentimos prácticamente todos los días”, dijo Emilio a ROLLING STONE en Español unos días después del lanzamiento. “Somos personas supersensibles y fijadas de las cosas. Creo que todo lo sentimos ya sea a su máxima potencia, o en nada, y es justo este concepto parte del disco. Somos personas que sienten todo y lo quisimos reflejar en el sonido”. Así llegó TODOS LOS DÍAS TODO EL DÍA, un debut que dividió opiniones. Algunos no lo entendieron, pero quienes lo hicieron, lo abrazaron desde el primer momento. El álbum es más experimental, más atmosférico. Es un disco que, en vez de quedarse en lo superficial, invita a una escucha profunda, a encontrar significados ocultos y a vivir una experiencia sensorial que va más allá de lo convencional.
Hoy, más de un año después de su lanzamiento, están satisfechos con el recibimiento. “Siento que la gente, como dices, lo ha abrazado, lo ha apapachado mucho, lo ha hecho suyo, y la verdad es un álbum que también en nosotros ha crecido mucho más. Cada vez que lo escuchamos, lo escuchamos muy orgullosos, muy contentos. Y no sé, estamos muy felices de que la gente lo haya podido abrazar y que le hayan agarrado ese cariño, y que lo hayan usado, no sé, para resguardarse, para encontrar nuevas emociones, para cualquier cosa. Estamos muy, muy contentos por eso, la verdad”.
El disco trajo consigo una ola de sucesos apantallantes. Solo en su fiesta de lanzamiento llenaron las butacas del Palacio de los Deportes en CDMX con fans que asistieron emocionados a escuchar el álbum por primera vez. Después, como parte de la gira, lo volvieron a llenar tres veces, así como varios otros recintos de México, Estados Unidos, Colombia, Argentina, Chile, Perú, España y muchos otros países como parte de su Te odio y te extraño mucho Tour. Se les vio divirtiéndose por la CDMX con Rosalía, colaboraron con grandes marcas y artistas, y se posicionaron como uno de los grandes actos en español de la actualidad. 2025 fue un año de vorágine, lleno de aviones, escenarios y adrenalina para los hermanos De la Rosa y su equipo.
Pero 2026 también abrió un paréntesis inevitable. “Siendo franco”, dice Milton con seriedad, “ha sido un inicio de año bastante complicado en temas de salud, de salud mental, de tranquilidad, de lo que sea”. Más que un freno, la pausa parece el cierre de un ciclo que exigió detenerse y mirar hacia adentro: “Afortunadamente puedo decir que estamos como en el final de una etapa difícil… o sea que viene, tal vez, algo bueno ¿quién sabe?”.

“Vienen cosas de qué escribir…”, agrega Emilio. Es lo que tienen los artistas, la capacidad de convertir momentos difíciles en arte. “Después de TODOS LOS DÍAS TODO EL DÍA sentíamos que ya no teníamos nada que decir, ya no teníamos nada que hablar. Ahora, definitivamente tenemos muchas cosas que decir. Está cool estar de cierta forma agradecido con tu yo más vulnerable, estar en paz con tu yo más triste, con tu yo más deprimido, con tu yo más ansioso, porque al final es una parte que existe y, aunque quieras deshacerte de él, es algo que te va a estar acompañando”.
El trío hoy abraza el no estar en su zona de confort, porque es lo que los obliga a evolucionar. “También es algo que hemos estado hablando mucho últimamente: cómo el único camino a la comodidad es la incomodidad”, dice Milton. “Es algo que le aprendemos a mi papá, shout-out Miguel Ángel de la Rosa Ríos [Risas]. Él siempre nos dice que todo el tiempo está haciendo algo, porque su mente es muy traicionera, y dice que no se puede quedar quieto”.
Hoy, los hermanos se están enfocando en ellos; yendo a terapia, andando en bici por la CDMX. “Ahorita justo estamos también en eso. Últimamente han salido fotos en las que la gente nos agarra en las Ecobicis, porque ahorita es lo que más nos hemos dedicado a hacer. Nos gusta estar andando en bici y las Ecobicis aquí en la CDMX son muy cómodas (esto no es un anuncio) la agarras y la dejas, y ya te vas caminando. Hemos estado en la bici, caminando, pensando, relajándonos”.
Cuando los momentos difíciles coinciden con el éxito, aparece una contradicción que vuelve todo más complejo. Los hermanos viven experiencias que siempre imaginaron. Cumplen metas, viajan por el mundo, son solventes económicamente, colaboran con artistas que admiran, pero al mismo tiempo pueden atravesar una tristeza profunda. Sobre esa dualidad, reflexionan: “Es muy pesado sentir que desde el exterior o desde afuera se puede ver como que, ‘Ah, pues afortunadamente la vida, o Dios, nos ha bendecido con muchas cosas; el poder vivir de la música, que es lo que amamos; viajar, conocer, colaborar con gente, conocer artistas de los que en su momento a lo mejor eras el más fan, y ahora somos amigos’. Como que siento que la vida nos ha dado tantas bendiciones que hay veces en las que uno hasta siente que está siendo malagradecido. Y es raro, porque piensas, ‘No sé por qué me siento de esta forma, si las cosas que me ha dado la vida son buenas y afortunadamente tengo salud, bueno, más o menos [risas], pero afortunadamente mi familia está conmigo, somos muy cercanos, el trabajo va bien’… Como que hasta da una sensación de por qué no me siento como quisiera sentirme”, reflexiona Milton.
Este periodo complicado también les ha movido cosas a nivel personal. Después de un año intenso, parar implicó empezar a voltear hacia adentro y hacerse preguntas que normalmente no aparecen cuando todo va rápido. “Estuve hablando con una psicóloga, porque ahorita yo estoy viendo a tres psicólogas y una psiquiatra; dije, ‘Esto lo vamos a abordar de todos lados’. Estoy bombardeando a la ansiedad y a la depresión”, admite Milton entre risas. “Le pregunté [a la psicóloga] sobre esta sensación de… hace como un mes nos surgió esta duda a los tres: ¿De verdad hay gente que no la pasa mal? ¿Alguien que no sufre, o que no tiene algo en la mente, o que no está pasando por algo? ¿De verdad hay alguien cuya química en el cerebro funcione perfectamente, o que no tenga un día en el que algo no esté sucediendo de la forma en la que uno esperaría? […] Si siempre hemos sido ondeados, esta es la era más ondeada que hemos tenido [risas]”, agrega.
TODOS LOS DÍAS TODO EL DÍA ha adquirido un significado más profundo en su imaginario, no solo por lo que ha significado para el grupo, sino por toda la carga emocional que está plasmada en sus canciones. Audios de sus seres queridos y vivencias que los han marcado dan forma a las canciones. Su abuela, quien falleció solo unos días antes de su primera presentación en el Palacio de los Deportes, cierra el disco con un audio que dice: “Ay, muchachitos tramposos. Trampositos. Dios me los bendiga mucho. Dios me los bendiga. Que lleguen con bien y regresen con bien”.

Ese show contó con uno de los momentos más emotivos que yo he vivido en un concierto. Los fans, al enterarse del fallecimiento de su abuela, prepararon un homenaje en el que levantaron carteles con su nombre, al ver esto, los hermanos se quebraron en el escenario, viviendo uno de los momentos más tristes de su vida ante un público de más de 20.000 espectadores. “Emilio dice que sí podría ser el día más triste de toda nuestra vida”, cuenta Milton. “Ese día fue muy, muy complicado, porque justo dijimos en su momento que al ser dos shows seguidos, el primero se sintió como, ‘Puta madre, no lo está viendo’”, agrega Emilio. “Y el segundo se sintió como: “Sí lo está viendo, hay que hacerlo chido, porque sí lo está viendo”.
“Esa comparación fue clave para los dos shows”, continúa. “El primero siempre lo vamos a recordar como algo muy fuerte; ni siquiera pudimos terminarlo. Habían pasado apenas dos días, y desde antes cargábamos con esa sensación de ‘Queremos que ella lo vea’, porque también venía la Arena Monterrey y queríamos que estuviera ahí”.
“En ese momento, cuando salieron los carteles, yo recuerdo que nunca había sentido que me quebrara de esa forma”, dice Milton. “Ni siquiera en un círculo cercano. Se sintió como una desnudez muy fuerte, porque no podíamos ni cantar, se nos quebraba la voz, sentía que tenía que cubrirme los mocos, o sea, fue un llorar de verdad, no de ‘Ay, la lágrima’, era ‘No puedo controlar este llanto que siento’”.
Algo que puede admirarse de Latin Mafia es su manera de ver la música, creándola desde la disciplina, pero siempre dándole espacio a la imperfección. No buscan la ejecución técnica absoluta, sino lo que les funciona y les hace sentido en el momento. Es una lógica que arrastran desde antes del disco y que sigue guiando su proceso creativo. “Mi relación con lo imperfecto es que nada es perfecto y que lo más difícil de llegar a la perfección es que no vas a llegar, y solamente te vas a frustrar, te vas a quemar la cabeza. Siento que lo bonito de lo imperfecto es que es lo más humano y lo más real posible. Entonces eso es lo que conecta con la gente, o lo que te hace sentir cosas, porque todo es así, nada es perfecto”, explica Mike.
Esa idea también se refleja en su forma de trabajar. “Ayer, por ejemplo, tuvimos sesión con Álvaro Díaz, y siento que entiende que hay distintas maneras de funcionar a la hora de hacer música. Nosotros tenemos una manera ya muy establecida; nos gusta tener el micrófono al ladito y tirar ideas, tirar melodías. Y hay gente que graba cuando llega su ingeniero, y es respetado todo eso, pero son dos maneras totalmente distintas de trabajar”. “Te dan resultados diferentes”, agrega Emilio. “Y tú viendo a esas personas aprendes, y esas personas viéndote a ti aprenden, y es algo que te puede retroalimentar muchísimo. Nos hemos dado mucha cuenta de eso, todo es imperfecto, de alguna manera, pero es hermoso”, resalta el mayor de los hermanos.
“Justo como dice Mike”, afirma Milton, “Creo que hay una relación bastante inestable con la perfección. Hay una concepción incluso hasta errónea. Creo que también todos estamos obsesionados con la perfección, cuando siento que las cosas más bellas en el mundo nunca han sido perfectas, han sido especiales”.
Las colaboraciones y los encuentros con otros artistas también han sido clave en su evolución. Trabajar con nombres como rusowsky, Yandel, Fred again.., Omar Apollo, Akriila, y ahora Álvaro Díaz, así como ver en vivo a otros proyectos, les ha abierto nuevas formas de entender el proceso creativo. No lo asumen desde la imitación, sino desde la curiosidad, observando, probando y llevándolo a su propio terreno. “Yo creo que hemos vivido momentos particulares en estudios y shows en los que sentimos que algo cambia. Yo marcaría muy particularmente que algo que cambió mi vida como artista fue ver a Tyler, the Creator en vivo en Coachella. Me acuerdo de que no soy la misma persona antes y después de haberlo visto. Ver la atención al detalle que tenía en cada cosa, cómo se comía el escenario y al público…”, relata Emilio.
“Somos personas abiertamente influenciadas por lo que vemos, por lo que escuchamos. Cuando vamos al estudio con alguien y vemos que trabaja completamente diferente a nosotros, tal vez al día siguiente que nos metamos al estudio vamos a intentar ver cómo lo hizo esa persona y hacerlo así, a ver cómo nos da un resultado diferente. Entonces la neta sí le movemos a todos lados, sí le movemos a todo un poquito”, reflexiona sobre esa versatilidad que hoy es característica de su proyecto.
Esa apertura se traduce en una filosofía flexible frente a la música, donde no hay una sola forma correcta de hacer las cosas. “La regla más bonita en este mundo de la música es que si te gusta cómo suena, pues te gusta. Al final del día, no hay una forma perfecta, correcta o incorrecta de hacer las cosas. Y creo que, justo como dice Milton, hay veces que hacer cosas diferentes te da resultados diferentes. Hay veces que se tienen que romper tantito las reglas para crear nuevas formas de hacer cosas y nuevos resultados, y creo que somos muy partidarios de ese mensaje: ‘Vamos a hacerlo aunque esto esté mal, técnicamente hablando; suena bien, vamos a seguir hilando por aquí’”. Milton agrega la frase: “Para hacer las cosas bien hay que hacerlas mal”.
“Hay algo muy bello en no saber hacer las cosas y aun así hacerlas. Tal vez no soy experto en esto, pero me interesa y quiero intentarlo, encontrar mi propia forma de hacerlo, aunque no sepa cómo”. –Emilio de la Rosa
Ahora que ya han alcanzado metas importantes, su percepción del éxito ha cambiado. Ya no lo ven como un punto fijo, sino como algo que se redefine constantemente según el momento en el que están. “Pues creo que cambia todo el tiempo, ¿sabes? El éxito es una palabra superabierta, y creo que justo tal vez en algún punto, cuando estás empezando, puede ser hacer números, llenar algún venue que te gustaba. Creo que todo el tiempo está cambiando. Por ejemplo, en algún punto un sueño nuestro era hacer un show para 200 personas, y de repente haces un show para 20.000, tres o cuatro veces, y dices, ‘OK, creo que es un sueño cumplido, estoy siendo exitoso, creo que me siento bien con mi familia, con mis amigos, estoy haciendo la música que me gusta, soy exitoso’. Al final del día, creo que es algo que todo el tiempo está cambiando. El día de mañana, quién sabe”, explica Emilio.
Esa forma de verlo también implica que el éxito nunca termina de alcanzarse por completo. “Creo que nunca vamos a ser exitosos, porque considero que la definición del éxito está condicionada por lo que no tengo en este momento. Y puede que hoy quiera algo y lo tenga mañana, pero mañana voy a necesitar otra cosa en mi vida. Y creo que estamos bien con eso, porque de esa forma creo que podemos ser exitosos muchas veces”, añade Milton.
En ese contexto, la presión viene más de ellos mismos que del entorno. “Sí, más que nada hacia nosotros, con nosotros mismos. Siento que es esa presión de que todo el tiempo uno quiere superarse a uno mismo y quiere entregar, exceder esos límites que uno se había puesto o que pensó que tenía, y a lo mejor tratar de romperlos. Yo siento que eso es lo que siempre tenemos, y sí es una presión medio muy fuerte [risas], pero nos motiva mucho y nos mantiene en el hecho de que, como dices, nada es perfecto, entonces seguir sobre esa línea y seguir buscando esa perfección y tratando de romper eso, más que nada”, dice Mike.
Hay cosas que tienen claro que no quieren perder conforme crece el proyecto: su vida cotidiana, una relación normal con el mundo, fuera de la música, porque es parte de lo que los sostiene como personas. “Como artistas, creo que algo a lo que nunca vamos a renunciar es a nuestra normalidad y a nuestra humanidad. A la cotidianidad, al poder salir a caminar en la calle, andar en la bici, ir al cine. Es algo a lo que nunca queremos renunciar. Cada vez que nos encontramos a alguien nos dice, ‘¿Y no les molesta que les pidan fotos?’. Puede gustarme un día, un día no; puede a veces hacerme sentir incómodo o lo que sea, pero no estoy dispuesto a que eso me robe el salir a caminar y sentir el aire, o tener mi terapia en la bici, o poder ir al cine y estar 40 minutos formado en la fila. Porque al final solo somos tres güeyes que hacen música, es una forma de vivir la vida, solo estamos haciendo nuestro trabajo. No quiero renunciar a poder hacer las cosas que me gustan, a poder vivir de una forma tranquila, cotidiana, de la forma en la que siempre he aprendido a vivir”.

Esa misma lógica se extiende a lo que entienden por el sentido de hacer música. Más allá del éxito o la exposición, buscan que el proyecto siga anclado en lo que les importa como personas. “Que siempre fuera el arte primero que nada. La cultura, el cine, los amigos, la familia, primero que nada; antes que todo el dinero, que la fama”, dice Mike. Emilio complementa: “Inclusive de la música, porque sin todo eso no hay música”.
“Sí, mantenernos unidos a nuestra familia, a nuestros amigos. Siento que eso nos hace ser nosotros. Y es eso: queremos impulsar todo el arte, todo el cine, todo aquí en México, y que no nos termine ganando ni la fama ni el dinero”, continúa Mike. Y en esa misma línea, Emilio agrega que tampoco quieren perder el impulso original que los llevó a crear: “No perder nunca la necesidad artística de la expresión, siento que hay gente que saca música nada más por sacar, sin tener un trasfondo de querer hacer algo. Al final del día, esto es una acción expresiva, es un método de expresión. No solo estoy haciendo música porque suena bonito, ¿sabes? Es porque es una acción de liberación, de expresión. Y creo que perder eso le quita toda el alma y todo el sentido a por qué lo estás haciendo”.
Hoy Latin Mafia está en un momento de redescubrimiento y reconfiguración. Atendiendo sus asuntos, su salud mental, y su trabajo creativo. Los hermanos aseguran que de esta etapa llegarán nuevas cosas de las que escribir y que hay grandes cosas en el futuro cercano. Sobre cosas concretas en su futuro, ¿viene un álbum con Fred again..? “Tú lo dijiste, no nosotros [risas]. Estamos trabajando algo, estamos muy, muy contentos. Con Fred again.. tenemos una amistad muy, muy fuerte, lo queremos mucho, lo admiramos mucho, y sí estamos trabajando en un proyecto por ahí”.
También confirmaron la existencia de un próximo documental sobre Latin Mafia, y los hermanos, además, me mostraron su próximo fotolibro. “Estamos haciendo muchas cosas”, dice Emilio. “Mucha música, hay contenido audiovisual, editorial, hay de todo. Hay muchas cosas que se vienen. Ya estamos a nada de que salga, yo creo que para cuando salga esto ya salió nuestro fotolibro del aniversario del disco, el vinilo. Aquí un spoiler [muestran una copia]. Todavía no está a full, pero aquí ya está”. “Es así, no tiene portada; la portada la haces tú. Adentro tiene la foto y la vas pegando”, agrega Milton.
Para concluir, Mike deja un mensaje claro: “Estamos primero reparándonos mentalmente [risas], estamos viviendo nuevas experiencias, conociendo amigos, conociendo gente, conociendo momentos, para poder terminar lo que estamos haciendo. Y eso, estamos inspirados, muy contentos. Obviamente, como dice Milton, si nos vamos muy, muy personales, sí tenemos cosas que trabajar y que estamos trabajando, pero estamos sumamente contentos, motivados e inspirados por trabajar con mucha gente que admiramos. Se vienen cosas muy cool y estamos muy contentos”.
Latin Mafia parece tener claro hacia dónde quiere moverse: crecer sin perderse. Mantener los pies en lo cotidiano, cuidar sus vínculos y seguir entendiendo la música como una forma de expresión más que como un resultado. En medio de la exposición, el éxito y la presión, su apuesta es sostener lo esencial, seguir siendo ellos mismos.
Historia : Pablo Monroy @pablomonroy__
Dirección Creativa: @Miltondrm @Emiliodrm @Mikedrm
Productor Ejecutivo : Alejandro Ortiz @xalejandro.ortiz
Director de Fotografía y video: @Directony
Estilismo: @Jotaeka @Miltondrm @Emiliodrm
Maquillaje: @Normajaneid
Peinado: @Kimgarduno
Producción: @Roymunguiaa @Samiradelarosa
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