En un momento en el que muchas figuras del reggaetón histórico miran hacia el pasado, Yandel parece estar mirando hacia adelante. Más allá de su trabajo con el icónico dúo Wisin y Yandel, el puertorriqueño está viviendo uno de los momentos más sólidos de su carrera solista. Reformándose, adaptándose a la música de hoy y entendiendo los nuevos códigos de consumo, ha logrado mantenerse vigente sin perder identidad.
Hoy colabora con nuevos exponentes como Latin Mafia, quienes voltean a verlo con respeto y honor, reconociendo en él a una figura que abrió camino. Mientras el público y la industria le colocan títulos como leyenda e ícono del reggaetón, Yandel continúa trabajando con la misma humildad y disciplina que lo han acompañado desde el inicio.
Recientemente lanzó su álbum Infinito, un proyecto que reafirma su versatilidad, su ambición creativa y su capacidad de reinventarse. En conversación con ROLLING STONE en Español, habla del disco, de su amplia trayectoria, de cómo se siente ante el título de leyenda y de su colaboración con nuevas generaciones.
“‘Sin Wisin no puede hacer nada’, al principio me decían eso. Tuve que demostrar y luchar con sacrificio, mucho trabajo, trabajando fino, dándole respeto al público, dándole buena música”, reflexiona Yandel en conversación con ROLLING STONE en Español. “Ya son como 16 discos que he sacado como solista, así que ya tengo bastante material”.
Mencionaste hace poco que sientes que estás en un peak de tu carrera, pero ahora como solista. Imagino que debe ser gratificante alcanzarlo desde este lugar. ¿En qué se diferencia vivir este momento por tu cuenta a haberlo vivido antes como parte de un dúo?
El dúo fue muy grande y yo respeto todo eso y respeto a mi compañero W, lo amo y lo quiero con todo el corazón. Aquí solo fue algo que yo quería lograr, un reto nuevo para mí. Ya nosotros llevamos 15 años trabajando, viajando el mundo, súper exitosos, todo lo que sacamos fue exitoso. Entonces llegó un momento en que decías: “¿para dónde vamos? ¿qué más vamos a hacer?”. Quería también tener todos mis negocios aparte, ya quería hacer mi carrera como solista y hacer cosas diferentes que no podía hacer como el dúo. Metí manos, trabajé y siempre con mucho respeto al público. Siento que lo he trabajado. Ha sido cuesta arriba, muchos sacrificios, mucho dinero, y para conseguir dinero tienes que trabajar más fuerte. Pero me siento muy contento en este momento de mi carrera. Siento que estoy en un pico, porque traje esta nueva propuesta del Sinfónico y siento que ahí fue que ya marqué mi estándar, mi Yandel.
Es importante ponerte nuevos retos para mantenerte motivado después de una trayectoria tan larga, ¿no?
Sí, totalmente. Yo soy una persona que me gusta estar en el estudio. Llego de viaje cansado, duermo un par de horitas y voy para el estudio a hacer música. Siempre quería tener ese momento de sacar todo lo que yo quiera y rápido, no esperar un disco. Aquí yo no pierdo tiempo, aquí yo decido, saco mi disco y ya tengo. Saqué este que está nuevo y ya tengo el otro ready para tener la continuación. Eso ha sido así en toda mi carrera y me gusta. La estoy pasando muy bien, disfruto mi momento al máximo.
Se siente como que estás cosechando cosas de lo que fuiste trabajando todos estos años.
Sí. De lo que trabajé. Ya son como 15 años más que llevo dándole también solito.
El público te ha puesto el título de leyenda, que es una palabra muy grande.
Grande, muy grande. Yo siempre con mucha humildad, con los pies sobre la tierra. Yo sé que ese nombre todavía me queda grande, me falta mucho por trabajar para ser una leyenda. Pero eso es un eslogan que nosotros hacemos, nos ponemos el eslogan y la gente lo coge rápido. “Leyenda”, ya me lo dice todo el mundo.
¿Qué tendría que pasar para que te llegaras a considerar una leyenda?
Que pasen un par de añitos más, que uno se vea también. Yo pienso que cuando tú eres leyenda tienes que ser una persona bastante mayor y exitosa.
El disco se llama Infinito porque nunca termina, es un loop. Pero más allá de eso, ¿hay alguna metáfora con la palabra infinito?
Ese nombre me lo trajo mi hijo Sour. Me dijo: “papá, tú debes poner ese disco Infinito porque nunca va a terminar, como tú empataste toda la canción, parece que es una canción, vuelve y comienza”. Me gustó mucho. Primero yo tenía “El tiburón blanco” y para mí ese era. Después le puse “5K” porque eran nada más 27 minutos, como si corriera. Después mi nene me trajo esa idea de Infinito y me encantó, y me encantó también el logo. Combinó con el tiburón y la gente de Rimas, el team de Rimas que está muy fuerte, muy duro, me trajo ese concepto del tiburón que sea como brillante. Me encantó y ahí vamos para adelante.
¿Por qué el tiburón blanco? ¿En qué te identificas con él?
A mí siempre me han gustado los tiburones. Entonces yo veo que los artistas desde los comienzos, los urbanos, siempre se han puesto el eslogan y cosas así: “el zorro”, “el conejo”. Entonces yo dije “el tiburón me gusta”, porque es uno de mis favoritos.
Las canciones duran poco, la mayoría menos de dos minutos… ¿Era una manera de adaptarte al público de hoy, cuya atención es más difícil de captar?
Ese fue el propósito. Los chamaquitos ahora, esos primeros tres segundos, si están malos, cinco segundos, se le dan para adelante. Yo siempre hacía las canciones de tres minutos y medio, a veces hasta cuatro, y como uno es solo, no puedes tardarte tanto. Como todas las canciones eran unidas, iba a aparecer otra canción, entonces no iba a sentirse como que se acabó, sino que todo iba a fluir. Son 17 temas. El que más dura es el de Latin Mafia porque somos cuatro. Me gusta ese concepto de hacer las canciones así. Si la quieres escuchar de nuevo, le das para atrás y te la aprendes más rápido.

También mencionaste que el álbum contiene música “americanizada”. ¿Qué significa eso?
Desde los comienzos nosotros fuimos fanáticos de la música de Estados Unidos, de los cantantes de allá. Siempre que veíamos cómo ellos trabajaban, me encantaba. Yo veía sus videos y decía: wow, qué grandes se ven, qué limpios se ven esos videos, porque nosotros hacíamos videos de cinco mil, diez mil pesos. Cuando hicimos el contacto con Jesse Terrero, los videos eran de doscientos, dos y medio, trescientos. Entonces no le llegábamos allá. Trabajamos, luchamos y pudimos ejecutar, pudimos trabajar con Jesse Terrero. Pienso que eso nos llevó a otro nivel visual. Siempre me ha encantado cómo trabajan los estadounidenses. Ahora ellos están observando para acá, se viró la tortilla.
Logras algo difícil, que es conectar con varias generaciones y que nuevos exponentes sientan un gran honor colaborar contigo. ¿Qué reflexiones te deja eso?
Me siento bien contento. Ahora con las nuevas generaciones me siento muy bien porque no me ven como un artista que ya pasó. Al revés, me ven con mucho respeto. Quieren grabar conmigo. Cuando grabo con ellos se siente esa emoción en ellos. “Wow, papi, yo soñaba esto”, “papi, yo desde chamaquito te veía y ahora estar aquí contigo es como ¡wow, lo estoy logrando!”. Me motivan. Estamos al día todavía.
En la canción con Latin Mafia te acercas más al R&B.
Así es. Eso fue el productor John Zane. Es de los nuevos. Me trajo ese concepto y cuando lo escuché me llamó mucho la atención, por cómo fluye, y porque venimos de un reggaetón. De momento eso cae bien pesado y es lo que hace la diferencia en el disco. Cuando lo escuché dije: “dale, vamos a trabajarla”, la grabé. Cuando se lo enseñé a Junior, Junior me dijo: “eso lo coge Latin Mafia. Ese es el estilo de ellos, les va a encantar”. Él se encargó y los muchachos, cuando lo escucharon, rápido dijeron que les gustaba. Ahí le hicieron el cambio a reggaetón. Estuvo bien raro porque ellos querían entrar en mi mundo. Yo hice esa canción normal porque sentía que era algo refrescante. Cuando ellos me dijeron que ese es el tipo de música que ellos hacen, dije dale. Pero cuando la cambiaron a reggaetón, yo dije: “¡wow!, qué brutal”.
Yo pensé que había sido al revés.
Es loco, ¿no? Yo pienso que a veces las personas que graban conmigo quieren entrar en mi mundo de reggaetón. Entonces es como: “estoy contigo, no voy a cantar reggaetón”. ¡Y no! Vamos a darle.
Incluyes también a Xavi, otro mexicano.
Sí, está durísimo. Ese Xavi es muy talentoso. Yo creo que nunca había cantado una canción así, de reggaetón full. Muy talentoso. El chamaquito me gusta mucho. Yo tenía la intención de trabajar en México, por eso las colaboraciones son más de ese tipo.
¿Qué encuentras ahorita en la música de México?
Me encanta. A México siempre le he tenido mucho respeto porque siempre soñábamos entrar aquí. Siempre lo veíamos en Puerto Rico como que no tienes que preocuparte si pegas en México, porque es grandísimo. Siempre teníamos eso en la mente: “México es la plaza. Vamos a darle”. Y así fue. Estuvimos por acá y yo no he parado de estar en México haciendo conciertos. Cada vez que llegamos al aeropuerto, los fanáticos… el amor está ahí, el cariño.
Mencionaste recientemente que en este momento te interesan mucho las escenas de España, México y Argentina.
Esas son las tres plazas.
¿Qué crees que tienen ahora que están interesantes?
Que están apoyándome bien fuerte. Son las plazas más fuertes. Yo buscaba mi Spotify en todos lados y siempre estaban México y España, siempre, como que los tops míos.
Hablando de SINFÓNICO, me imagino que tienes que reimaginar tu catálogo. Es una manera diferente de verlo. ¿Qué te ha enseñado eso sobre tus canciones?
Esto fue una colaboración que hice con la gente de FIU, de la Universidad de Miami, la Sinfónica. Me hicieron el acercamiento para regalar una beca y, a la misma vez, cantar tres canciones con la Sinfónica. Al principio estaba como que no sé, pues tengo que cantar un bolero, a lo mejor ‘Yo te quiero’, ‘Dime qué te pasó’. Pero hice la pregunta: “¿Puedo cantar reggaetón perreo?”. Y ellos: “sí, haz lo que tú quieras”.
Cuando entré en ese mundo, pude escuchar el nivel musical más alto de lo que yo imaginaba. Dije: “wow, qué cosa más espectacular”. Cuando canté esas tres canciones con la Sinfónica salí de allí como loco, pensando: “aquí tengo otro camino que puedo manejar”. Y le dije a Andy a la semana: “vamos a hacer un concierto en Miami. Vamos a hacer la Sinfónica con todo mi show completo. Quiero pantalla, quiero hielo seco, quiero luces, quiero que se vea show”. Y lo hice, y lo grabé. Le dije que lo grabáramos para que la gente entendiera también. Pensaban como yo pensaba. Que iba a ser algo en lo que tenían que estar sentados, boleritos, cosas tranquilas, no estar en el teléfono. Entonces le quería dar esa visión y lo logramos. Yo pienso que la gente entendió. El primer día que canté las tres canciones, la gente se quedó sentada. A la tercera canción les dije: “¿pueden pararse?” y todo el mundo para arriba. Y ahí empezó el party. Pero había que educarlos, porque yo sabía que no iban a entenderlo desde el principio, porque yo tampoco lo entendía.

Y cuando hiciste esas canciones no te imaginabas verlas en ese formato…
No, nunca. Y suenan tan grandes, porque no le quito la esencia de mi beat. Quiero dejar el beat, que se sienta la melodía, que se sienta el beat, pero la sinfónica por debajo lo pone bien grande.
¿Cómo mantienes la esencia de un perreo con una sinfónica?
No quitarle el beat que tiene original. No es poner la pista y encima la sinfónica, porque se va a escuchar muy cargado y mal. Es cada instrumento dividido. Tuve que hacer todas las pistas de cero para tener todos los instrumentos separados, porque ya esas pistas no las consigo. Tuve que rehacer todas las canciones para tener todo separado e ir quitando sonidos y metiendo violines para que se escuche más limpio, sin quitarle la esencia.
Ahora, con esta nueva idea, ¿crees que vas a hacer música diferente?
Sí, ya estoy haciendo música con la sinfónica, que se escucha bien grande. Me encanta. La sinfónica se queda conmigo. Ya no voy a estar sin la sinfónica. Me encanta. La gente siente que es algo que musicalmente se disfruta, porque ven otra cosa. No es lo mismo que han visto tantos años. Y yo, que llevo tantos años, es algo refrescante.
Con una trayectoria larga también hay que aprender cómo evolucionar. Mucha gente se resiste a eso. ¿Cómo has manejado la línea de evolucionar y mantener tu esencia?
Yo siempre busco por dónde escapar. A veces estoy trancado, pero no pasa nada. Sigo trabajando y sigo luchando. Pero pienso que la consistencia y la disciplina pueden matar cualquier talento. Si tú tienes disciplina, el que más canta ya. Y si no tienes disciplina, no tienes que ir conmigo, porque yo voy a pasarle por el lado a los míos cantando menos que él, por la disciplina que tengo.
¿Crees que ahorita, por la trayectoria que tienes, haces música con menos presión y más claridad?
Sí, ya me siento bien tranquilo. Ya no tengo esa presión que tenía. Han pasado varios años de mi carrera como solista. Al principio sentía mucha presión, no te lo niego, porque estaba compitiendo con un grupo muy grande que ya había hecho historia. Entonces todo el tiempo era la comparación. Pero gracias a Dios y por la disciplina, estamos rompiendo.
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