Silvana Estrada: un canto colectivo

Los seres humanos han cantado y hecho música desde hace decenas de miles de años, pero pese a que en el medio estas expresiones han evolucionado hasta lo que conocemos hoy en día, su cualidad de unión se ha conservado. Una canción, un álbum o un concierto permiten crear conexiones no solo con quien está detrás del micrófono, sino con quienes los disfrutan y perciben de una manera similar.

Presentación tras presentación, Silvana Estrada se ha dado cuenta de que su música, aunque proviene de un lugar muy profundo y personal, ha calado en una comunidad de personas que la sienten como propia. Y así como a ella el cantar le ha servido para sanar física y mentalmente, y para hacer las paces consigo misma, ha entendido que no es la única que ha tenido estas experiencias con sus composiciones. “Es muy fuerte la comunidad que se ha hecho a partir de mi música”, le dice la mexicana a ROLLING STONE en Español. “Poder cantar en mi show y cantar en colectivo me parece hermoso y sanador”, añade.

Estando más cerca de los 30 que de los 20, la cantautora ve su panorama con mayor claridad, y después del caos que supusieron sus primeros años de adultez, asegura sentirse en paz y contenta con lo que hace. Vendrán suaves lluvias, su álbum más reciente, es el reflejo de esto pues allí los duelos y la tristeza que traen consigo no son un agujero negro del que no se puede salir, sino que son vistos como parte de lo que implica ser una persona que habita este mundo.

A pesar de que Silvana ha afirmado que le dará al disco la importancia que merece, esto no ha impedido que continúe con la mira hacia el futuro. En esta conversación, serena y en la que resalta su personalidad risueña, la artista habla sobre sus planes a seguir, las inquietudes que está abordando en sus nuevas composiciones, el cómo su música ha servido para llamar la atención sobre problemáticas que afectan a las mujeres y mucho más. Una charla en la que el eje, de uno u otro modo, es la colectividad.

Una razón de la tardanza de Vendrán suaves lluvias fue porque duraste mucho tiempo de gira. ¿Cómo es tu relación ahora con los tours?

Es loco, me gustan muchísimo los shows, me encantan, cada vez me gustan más. También porque cada vez tengo más posibilidades de hacer todo lo que quiero, no es que quiera cosas muy locas, pero, por ejemplo, ahora en el escenario somos nueve personas, es la vez en que he tenido más gente de gira, entonces siento que cada vez tengo más posibilidades de hacer lo que quiero.

Cuando hablamos en septiembre, te pregunté cómo estabas viviendo la transición entre Marchita y Vendrán suaves lluvias. Ahora me gustaría preguntarte, ya que han pasado varios meses del lanzamiento, ¿cómo los has vivido?

Ha sido superbonito y muy intenso. Y vuelvo un segundo a la pregunta anterior, mis shows cada vez me gustan más y la gira cada vez como que la hackeo más, porque realmente, para mí, estar de gira es como estar en un convento, mira ahora que está de moda metaforizar con la religión [risas]. Es todo el rato pensar y rumiar sobre lo que va a pasar en la noche, eso implica una vida muy monacal, realmente, muy monjil. Estás todo el rato comprometida con un oficio tan brutal que te requiere todo el cuerpo, mente y espíritu. Eso antes me costaba, porque quería hacer todo todo el tiempo, ahora estoy bastante tranquila con estar en la gira, y no me estreso mucho, también tengo el equipo más grande que he tenido en toda mi vida, que se encarga de todo. Yo, que vengo del mundo independiente, estaba acostumbrada a, aparte de estar de gira todo el año, estar en todo; estar en entrevistas, organizando, calendario, mails, luces, cosas técnicas, producción… y, de repente, por primera vez en mi vida solté todo, y me encanta, es más divertido, me estreso mucho menos y vivo mucho mejor [risas].


“Me interesa generar una belleza de la consciencia, o una ética de la belleza. Que la belleza no opere solo en terrenos planos, que la belleza como ética mire justamente a lo más duro para poder encontrarse a sí misma y poder sanar ahí donde más duele”.


La verdad es que estoy muy contenta, y estos meses desde que salió Vendrán suaves lluvias han sido superintensos. Yo nunca he vivido tantos sucesos importantes en tan poco tiempo. Este disco me costó muchísimo, incluso el “pre” de sacar el disco me implicó muchísimo tiempo mental, físico, emocional, espiritual, porque yo estaba en todo. Este disco lo produje yo, entonces la producción fue un reto, grabar voces fue un reto, porque yo era mi crítica más brutal, me estaba exigiendo muchísimo. Y luego la mezcla fue una loquera también, estuve detrás de la mesa con Daniel Bitrán, mi ingeniero; hubo un momento en el que Daniel tuvo que ponerse a hacer otras cosas, entonces me puse a mezclar con Leonel Carmona, el ingeniero de sala con el que giro, luego volví con Daniel Bitrán.

La mezcla se hizo en muchas llamadas con el ingeniero de máster [Ryan Smith], en cadenas de mails, videollamadas, y yo le decía, “Mira, yo sé que es un disco con muchísimo rango dinámico, sé que queremos que la masterización tenga sentido para ti, pero no me comprimas, si esto va de 0 a 100, déjalo, porque eso es lo que quiero”.

Me costó mucho afrontar a toda esta gente para lograr lo que yo quería de la manera en que yo quería, que, francamente, me dio la impresión de que no era la habitual, porque parecía todo muy complicado [risas]. Y ya cuando sale, fue como el Colors, Jimmy Kimmel, gira por Estados Unidos, gira por Europa, gira de medios… De verdad, yo creo que nunca he trabajado tanto; pero tampoco nunca en mi vida había estado tan contenta trabajando. Creo que es la edad, a mí crecer me ha venido superbien. Cuando estaba más joven vivía muy angustiada, también por ser mujer, ser joven, por demostrar cosas y querer gustarle a todo el mundo, que todos me quisieran… y ahora estoy tan en paz con lo que hago, tan contenta con lo que hago, con mi equipo, con mi música y con mi público. Me dan ganas de llorar.

Creo que tengo el mejor público del mundo, a lo mejor eso lo cree cada artista, pero la gente que me escucha es tan amorosa, tan amable, me cuidan, me quieren, reciben las canciones con mucha atención, cantan conmigo. Es muy fuerte la comunidad que se ha hecho a partir de mi música, y estos últimos meses han sido de muchísimo trabajo y muchísima gratitud. Qué bueno que esto me está pasando a esta edad… también te digo, estoy muy resuelta con mis cosas, como todo el mundo, pero estoy muy bien.

Ya que tocas la transición de la Silvana de hace unos años a la Silvana de ahora, me gustaría preguntarte, el otro año ya se cumple una década de Lo sagrado, ¿qué piensas cuando revisitas este disco?

No lo revisito mucho, te voy a ser muy sincera, hace muchos años que no lo escucho, pero hay canciones que me encantan y, de hecho, hay un momento del show que siempre le dedico a una o dos canciones de Lo sagrado. Me pasa que, cuando lo revisito, cuando toco estas canciones que sí me gustan, noto mi evolución como compositora también. Lo sagrado es un disco muy especial porque lo hice en un momento en el que estudiaba jazz, entonces todas mis estructuras eran de música de los años 30 y 40, curiosamente, son las formas también del folclor. 

Silvana Trevale @silvanatrevale 

Yo nunca supe hacer coros, nunca escuché un coro y dije, “¡Qué buen coro!”, eso es algo que a mucha gente le pasa cuando empieza a hacer canciones, que quiere hacer unos corazos superpegajosos. No es que yo no quisiera, es que no se me ocurrían porque yo no escuchaba canciones que tuvieran un coro, yo estaba estudiando estándares de jazz, que nunca tienen un coro catchy, siempre es como verso, la a, luego una b, a veces tienen una c, casi siempre cuando se repite la b o la c tiene algún cambio armónico, entonces la melodía cambia [risas]. Y el folclor también, piensa tú folclor colombiano, nunca tienen coros, en el folclor pasa mucho esto de que dicen algo y luego rematan con una frase. Lo sagrado tiene eso, que Marchita también lo tiene, realmente, es como ese impulso muy poético y a la vez muy folclórico, y tiene una cosa muy terrenal. Y luego Marchita es como una especie de, creo yo, refinamiento lírico de ese primer impulso.

Anteayer, en Oaxaca, fue el cuarto aniversario de Marchita y lo tocamos de principio a fin, y sentí algo tan fuerte, me sentí como visitante, como extranjera, como que dije, “Wow, esta persona ya no soy yo”, realmente estoy aquí de visita un poco, no sé cómo explicarlo. Lo tocamos de principio a fin para celebrar el cuarto aniversario y obviamente eso genera una experiencia muy distinta, y al final pensé, “¡Qué orgullosa estoy de este disco que ya no es mío!”; esa era mi reflexión, yo misma lo escucho como el disco de alguien más y lo canto como si fuera otra yo que puedo ver desde lejos. Creo que eso es hermoso, es como ver una foto antigua de ti.

¿Sientes o no te sientes de esta manera con Vendrán suaves lluvias, teniendo en cuenta que estas canciones las viniste trabajando desde hace unos tres, cuatro años?

No, no me pasa. A ver, hay canciones de Marchita que tienen casi diez años. No me pasa con Vendrán suaves lluvias. Mi teoría es que es el disco que más se parece a mí, en un sentido de ver el mundo, de esencia; Marchita es un lugar de mí, muy oscuro y que me gusta mucho y a la vez me hace sufrir mucho. Cuando estoy triste, estoy muy triste, y esa es otra historia. Pero Vendrán suaves lluvias es mi trabajo de muchos años, de trabajar en mí, de poder ver la tragedia y mi propio dolor con cariño, con luz y con belleza. Fueron muchos años para poder llegar ahí, para poder hablar realmente de mis heridas, que los últimos cinco años han sido de heridas muy grandes que no pensé tener que vivir nunca o, por lo menos, no en mis primeros 20 años. Pero, sí creo que Vendrán suaves lluvias es ese disco que ahora mismo representa mi mirada y mi experiencia ante el mundo. 


“Nos tendríamos que preguntar más por qué estamos completamente entregados o entregadas a un sistema que está aniquilando la vida y al mundo entero”.


Eso no quiere decir que el 80 % del tiempo no esté pensando en canciones nuevas, yo me paso esta gira pensando, “Ojalá poder entrar al estudio, dejar de estar de gira para entrar al estudio”. Eso creo que siempre va a ser así, porque es difícil malabarear ambas necesidades, pero también entiendo que tengo una responsabilidad con Vendrán suaves lluvias, porque me costó mucho hacer ese disco, y también noto que ese disco está sanando a un montón de personas, así como me sanó a mí, entonces creo que estoy en un momento de decir, “Bueno, lo tengo que tocar y lo tengo que compartir, compartir este show en vivo que es un ritual para sanar, para poder ver las heridas con un cariño, con una dignidad y un cuidado que es difícil construir”.

Por lo que entiendo, es bastante pronto para hablar de un próximo trabajo, pero ya que mencionas que todo el tiempo estás pensando en volver al estudio, ¿qué inquietudes te gustaría abordar en tus próximas composiciones?

Creo que ahora mismo estoy intentando salirme un poco de mí misma como compositora, cambiar el lente, en vez de apuntarme a mí, apuntar hacia afuera un poco. Estoy escribiendo mucho sobre las cosas que ahora mismo me aterran más, todos los problemas que están pasando, la guerra, la desesperanza, la sensación de fin de mundo. Son temas difíciles para escribir, pero creo que lo necesito ahora mismo porque estoy un poco en shock, no pensé ver un montón de cosas que estoy viendo ahora mismo en el mundo, y creo que como cantautora realmente me hace ilusión tocar estos temas. 

Por un lado, tengo esa inquietud, luego tengo una inquietud bien fuerte, como de buscar hablar de, no sé si líricamente o más bien a nivel de producción, pero buscar qué está pasando en México, cómo suenan las provincias de México ahora mismo, no solo la capital, no solo el mainstream; realmente qué está pasando en Veracruz, en Oaxaca, en Chihuahua. Estoy con esa búsqueda que me interesa y me emociona. Y, al mismo tiempo, estoy trabajando muchas cosas para cine y televisión, eso era algo que quería probar también. No puedo hablar, pero ya saldrán. Eso era algo que quería trabajar desde hace mucho, componer para proyectos específicos que no fueran el mío. También para divertirme un poco, y porque me daba curiosidad. 

Creo que yo no soy tan cantautora en ese sentido, siempre escribo para mi mundo y en mi universo. Sí he escrito para otras personas, pero soy bastante yo, y creo que estoy en un momento en el que estoy queriendo abrir mi mundo un poco más; escribir de situaciones del mundo, de mi perspectiva del mundo, escribir para series y películas, componer con y para otra gente. Estoy queriendo abrir mi mirada, y para poder hacerlo hay que dejar entrar otras miradas también, para entender, ver y generar un mundo todavía más grande o más rico, a ver qué pasa. Todo esto está pasando en mi cabeza [risas] y en mis libretas.

Este abordaje de estas temáticas y de las cosas tan oscuras que están pasando en el mundo, ¿lo sigues haciendo desde la ternura?

Sí, totalmente, lo sigo haciendo porque me interesa generar una belleza de la consciencia, o una ética de la belleza, también. Que la belleza no opere solo en terrenos planos, que la belleza como ética mire justamente a lo más duro para poder encontrarse a sí misma y poder sanar ahí donde más duele.

En algunas de tus canciones, en tus shows o en entrevistas has hablado sobre temáticas sociales; no necesariamente tu música tiene un tinte político, pero yo pienso que el arte es político. ¿Cómo fuiste construyendo este pensamiento o esta actitud crítica mientras crecías?

Creo que estuve rodeada de mucha violencia cuando crecí, porque soy de un estado muy azotado por el narcotráfico, la inseguridad y muy malos gobiernos, mucha corrupción, y yo vi futuros y vidas perderse. Ahora está mucho mejor, pero yo crecí en un ambiente muy hostil y muy contrastante, porque mi círculo cercano éramos una burbujita, nunca una burbujita de dinero ni de privilegios, pero sí una familia amorosa, una casa llena de libros, de música, de instrumentos; una burbuja, digamos, cultural. Entonces, yo crecí con esa mirada hacia eso que también coercionaba mi libertad como adolescente. Fue muy fuerte, porque en mi pueblo había toque de queda. Yo nunca pude ir a una discoteca, por ejemplo, porque había muchas balaceras en las discotecas.

Silvana Trevale @silvanatrevale 

Son cosas chiquitas, pero bueno, ahí empieza la pregunta, “¿Por qué? ¿Por qué voy a vivir así? ¿Quién hace que esta sea la vida?”. Y la importancia de las referencias, también, ver películas, leer libros, y decir, “Mi realidad es bien distinta a esta otra que estoy viendo, donde a la gente no se le pasa por la cabeza que le metan una bala en la cabeza, y menos a los 12 años, o a los 14, ¿por qué a mí sí?”. Entonces, yo creo que hay algo de esa pregunta que no se cierra nunca, “¿Por qué? ¿Por qué vivo así? ¿Por qué vivimos así? ¿Dónde nace el origen de este mal?”.

Y sí, tampoco creo que yo haga música de carácter político, pero también creo que el arte es político y creo que incluso el hablar de amor para mí ha sido una manera de preguntarme muchas cosas, quizá incluso el propio amor romántico haya sido mi puerta al feminismo, por ejemplo, “¿Por qué amo de esta manera? ¿Por qué me aman de esta manera que me duele, me lastima, me hace sufrir o me quita vida?”.  

Cuando hiciste tu Tiny Desk, el año pasado, incluiste en tu repertorio ‘Si me matan’, ¿por qué quisiste utilizar esta plataforma tan grande para enviar este mensaje?

Creo que es porque, de alguna manera, es una responsabilidad, tener una vitrina tan grande, donde tanta gente va a conocer tu música. Pensé que era importante poder casi denunciar, hablar de esos temas que son difíciles de tocar también, y tuve la suerte de poder escribir una canción que aborda uno de los temas más difíciles, creo yo, de nuestro país, y que por suerte es una canción bonita al mismo tiempo. Me parecía importante poder cantarla y que se genere una reflexión o quizá también una representación de ese dolor.

Por ejemplo, el año pasado estuve de gira por Europa y toqué en la frontera entre Suiza e Italia, que hablan su propio idioma, y una chica de ese pueblo había hecho una traducción a ese idioma de ‘Si me matan’. Me acuerdo que le pregunté por qué, y me dice: “Es que por años cargué un dolor que pensé que era solo mío, y tu canción me liberó, porque lo entregué a un colectivo”. Esa canción se ha traducido a un montón de idiomas, y creo que es importante no quitar el dedo de ese renglón, porque muchas mujeres cargamos un dolor muy solitario, y con los años es importante socializarlo, no por ignorarlo, sino para poder sanarlo en colectivo y preguntarnos qué vamos a hacer.

Además, es un tema que sigue muy vigente. La canción salió hace unos cuatro años y pareciera como si no hubiéramos avanzado en esa materia. También creo que está relacionado con lo que me mencionabas antes de que no es normal que a los 12 años se cruce por tu cabeza que alguien te va a disparar. No es normal que nosotras, como mujeres, estemos pensando todo el tiempo en que, “Ojalá llegue a casa”, o “¿Qué pasa si no llego a casa?”.

Total, total. Es realmente cuestionable, o ¿por qué para las mujeres trans su esperanza es tan cortita? Hay muchas preguntas por hacerse, realmente. Y, volviendo a la pregunta anterior, quizá también por eso estoy escribiendo las cosas que estoy escribiendo ahora mismo, no porque tenga respuestas, pero sí porque creo que nos tendríamos que preguntar más por qué estamos viviendo así, por qué estamos completamente entregados o entregadas a un sistema que, literalmente, está aniquilando la vida, la nuestra y la de un montón de seres, y al mundo entero.


“Hacerse una pregunta en una canción es hacerse una pregunta infinitamente. En ese sentido, hay algo muy bello al cantar sobre las cosas que te interesan. Por eso escribo y hago canciones, para pelear un poco contra esta soledad que a veces es vivir”.


Yo creo que ahí hay preguntas que hay que hacerse en colectivo, y la música es increíble, en una canción cabe un número infinito de personas, es como un territorio que no se acaba nunca; hacerse una pregunta en una canción es hacerse una pregunta infinitamente, y en ese sentido creo que hay algo muy bello al cantar sobre las cosas que te interesan. Por eso escribo y hago canciones, para pelear un poco contra esta soledad que a veces es vivir.

¿Cómo es tu relación con la tristeza y la soledad? Ya que mencionas la soledad.

Estoy un poco monotemática, pero en verdad con los años ha mejorado mucho [risas]. Mi relación con la tristeza a veces es un poco intensa, pero también es un espacio en el que siento que estoy lista, como que nunca me agarra por sorpresa; conozco bien esos cuartos oscuros. Pero, con los años también cambié un poco esta visión de escribir siempre desde la tristeza, porque es muy fácil inspirarse en la tristeza; llega un punto en que es un poco flojo.

Con los años, también algo que me ha sanado es vivir mi tristeza sin romantizarla por completo, vivirla más como un acto de retraimiento y de mirar hacia dentro. Se ha vuelto un espacio de descanso emocional, en el que bajo un montón de decibeles para estar en mi tristeza, conscientemente, sabiendo que va a acabar, y no quedarme ahí. Eso era algo que me pasaba antes.

Y con la soledad yo tengo una relación increíble [risas], me encanta. Yo sola nunca me siento porque tengo un montón de gente que me ama, y que entiende mi amor por la soledad, que es de las cosas más difíciles que he construido, y estoy muy orgullosa de que mis amores respeten mi profundo amor por la soledad. Tengo amores muy espaciosos, con mucha apertura a mis soledades, y creo que también la edad me ha dado muchísima apreciación por la soledad, es un privilegio muy grande en mi vida ahora mismo. Mi equipo a veces llega a ser veintitantas personas, paso meses conviviendo con un montón de gente, y cuando por fin puedo estar sola en mi casa, soy muy feliz, y cada vez me pasa menos sentirme sola, también te digo. Amo la soledad, pero cada vez me pasa menos esta cosa de que la soledad me angustie; no es que no me pase, creo que a todos nos pasa de vez en cuando, pero cuando llega ese sentimiento también me pasa como con la tristeza, no lo romantizo mucho, lo siento y lo disfruto.

¿Cómo llegaste a la conclusión de que lo querías buscar era la paz y no la felicidad?

Porque he sido una persona muy feliz y a la vez muy miserable, y cuando he estado en paz, he estado solo en paz. Yo creo que es una conclusión a la que he llegado por cansancio emocional. Yo tuve una adolescencia, una primera adultez, muy intensa, de muchas cosas muy fuertes. Fui muy precoz para muchas cosas, busqué muchos desastres; si había una tormenta, yo iba. Y era feliz, profundamente feliz, y estaba profundamente agotada [risas], profundamente devastada también. Cuando eres muy joven crees que estás en control y hay un momento en el que la vida te dice, “Tú no controlas nada”.

Es cierto.

Y yo creo que ahí dije, “Uy, tengo que buscar una forma de sentir, de buscar y de estar más sostenible con el tiempo, también porque quiero hacer esto hasta que me muera”. Yo quiero hacer música hasta que me muera, no tengo ninguna intención de hacer otra cosa [risas], y me di cuenta de que esta idea que tenemos de la felicidad es un poco empobrecedora; esos picos altos luego bajan y ¿qué hay?

No es una constante.

Sí, exacto. Y me di cuenta también de que en cuanto dejé de buscar esa felicidad hollywoodense, estaba más agradecida con la vida, estaba en un estado de gratitud que justamente me acercaba más a la felicidad, sin buscarla, porque yo estaba buscando paz. Es trabajoso también, estar muy arriba y estar muy abajo no toma mucho trabajo. Estar en paz sí toma trabajo, pero es lindo hacerlo, porque también es una afirmación de amor propio y de amor por la vida y de amor por los demás.

Silvana Trevale @silvanatrevale 

Cambiando un poco de tema, has dicho que tus referentes de cantautoras del pasado han sido Violeta Parra, Soledad Bravo o Mercedes Sosa, pero a mí me gustaría saber qué referentes actuales tienes.

Admiro profundamente a Milo J. Me resulta un poco como, “¡Qué paz!”, como que descanso un poco, digo “Qué bien que esto existe”.

Hay un chico que está mero empezando, Ehékatl Arizmendi, de Guerrero, que me gusta mucho, lo vimos ahora en Oaxaca, estuvimos tomándonos unos mezcales. Me gusta mucho su universo también, como bien folclórico, como una hiperraíz que es del mundo. Y estoy escuchando mucho a un dueto, creo que son catalanas, que se llama Tarta Relena, no sé si las conozcas, ellas son increíbles, me gusta muchísimo su universo. Toda esta gente que te digo tiene en común que toma un poco el folclor y se siente como un cambio de siglo, yo sé que no está cambiando el siglo, pero se siente como, “Ah, esto es, para allá vamos”, y eso me emociona mucho.

¿Qué me podrías decir de tu relación con Natalia Lafourcade y Mon Laferte?

¿Qué puedo decirte que no haya dicho ya? Las amo, las admiro, estoy feliz, me siento honrada de que sean mis amigas y, a la vez, mis maestras. Creo que son realmente faros de luz, también son instituciones de un montón de cosas, de la canción, de la música, de la industria, de lo que significa ser mujer. En esos niveles tan altos de música, de gestión, de carrera, a la vez, son gente; son gente amable, amorosa, cuidadora, sufriente, serena, maravillosa. 

Creo que otra cosa muy hermosa de mi vida es que he tenido la oportunidad de querer y ser querida por gente que me formó a través de sus canciones, y que —cuando por fin nos hemos conocido— es hermoso saber que son gente. A lo mejor uno pensaba que eran dioses y diosas bajados del cielo, completamente etéreos, flotando entre las vicisitudes de la humanidad, y te das cuenta que no, que es gente como uno, y eso también ha sido muy bonito entenderlo, que realmente los artistas no somos nada especiales, nos dedicamos a algo muy hermoso, si acaso somos afortunados, pero somos gente, y justo en esa certeza creo que está algo muy esencial de nuestro hacer.

¿Encontraste en ellas, en su trabajo, alguna guía para autoproducir Vendrán suaves lluvias?

De Natalia sí porque, bueno, ella y yo somos muy amigas, con Mon también, pero Natalia y yo hablamos mucho, estamos muy en contacto. Y, claro, le mandaba muchas maquetas, hay una canción, ‘Good Luck, Good Night’, que realmente terminé en casa de Natalia, ella diciéndome, “Pero ¿qué quieres decir?”, “Pero te hace falta un acorde mayor”, “Pero no se puede quedar solo ahí, ¿qué más?”. 


“Yo quiero hacer música hasta que me muera, no tengo ninguna intención de hacer otra cosa”.


Natalia siempre me reta un poco a ser mejor. Yo creo que eso es lo más valioso de un amigo, porque es muy fácil que un amigo te diga que está todo maravilloso, pero Natalia es una amiga de hierro que siempre me dice, “¿Por qué no más?”. A veces hago más y me regreso a la idea anterior, y no pasa nada, pero muchas veces, digo, “Bueno voy por más”, y es eso lo que hacía falta y no lo sabía.

Ella siempre es madrina de un montón de procesos míos, y te estoy hablando de algo muy técnico, pero realmente Nat está detrás de un montón de procesos emocionales también, hay un montón de cosas que hago en la gira que Natalia me ha enseñado que parecen sencillas, pero que, si no te las dicen, no se te ocurren, y ella es esa persona que me mejora la vida, realmente [risas]. Me da unos consejos y unas enseñanzas que me salvan de volverme loca en este oficio tan duro.

¿Qué piensas que hace falta para que haya más mujeres en la producción? No solamente que sean cantantes o artistas, sino que sean netamente productoras, o estén detrás de la cabina.

Primeramente, que se caiga el patriarcado [risas], pero creo que hace falta darle visibilidad a las que hay, porque sí que hay. Yo no conocía. Curiosamente, después de que saqué este disco y dije, “Yo produje esto”, me he encontrado un montón porque me han escrito o porque a partir de la conversación sale, “¿Ya conociste a fulanita?”. Yo creo que algo importante sería darles luz a las productoras que sí hay. 

Y luego, cosas más prácticas, hacer talleres, porque ese ha sido mi camino, yo he aprendido todo un poco sola porque dejé la universidad en el segundo año y me ha tocado aprender en el camino y todo muy autodidacta. Por suerte, soy muy echada pa’ delante, muy resolutiva, pero también he sufrido esas limitaciones. Hay cosas que a otra gente le toman cinco minutos, a mí me toma un día entero aprenderme. Entonces, también educación enfocada en chicas y chicos, pero por lo menos buscar paridad, por lo menos decir, “Si voy a abrir este curso, que haya igual de chicas que de chicos”. Creo que también hay una cosa de educación que es importante.

Y, ¿te has planteado, en este panorama de probar otras cosas, producir para alguien más?

Sí me lo he planteado, o me lo han preguntado, pero no quisiera yo. Eso es algo que no sé si en algún momento quisiera, porque los productores son medio psicólogos del artista y de sus inseguridades, y eso a mí me da mucha pereza [risas]. Yo estoy muy bien con mis cosas, pero no sé. Si fuera una amiga, sí, obvio, o un amigo muy querido. Pero ponerme a gestionar la emocionalidad y el ego, sobre todo, de otro artista, yo creo que no.

Silvana, para finalizar: en alguna entrevista tuya vi que cuando eras pequeña, para autorregularte, te cantabas a ti misma, ¿cómo percibes el canto en tu cuerpo?

Yo creo que sigo autorregulándome cantando, creo que sigo viviendo el canto en mi cuerpo de una manera muy consciente y, por ejemplo, si algo me duele, canto. Es un poco hippie, pero si tengo fiebre, te lo juro que me la baja. Tiene todo el sentido, pienso yo, al final son vibraciones, nosotros no cantamos con la garganta, se canta con todo el cuerpo, con los pómulos, la panza, las piernas, el útero, entonces, para mí, el canto es una experiencia sanadora.

Silvana Trevale @silvanatrevale 

En mis shows todo el mundo canta y pongo a cantar a todo el mundo, en parte, porque me interesa que la gente conecte con algo tan antiguo como el canto. El canto es nuestra primera música, la música es un montón de cosas, pero realmente existe como medicina, esa es la primera música, como ritual. Y a mí me interesa eso, que la gente pueda reconectar con esa primera música y medicina. Poder cantar en mi show y cantar en colectivo me parece hermoso y sanador.

De hecho, ahora estamos haciendo una cosa que me gusta mucho, que la última canción la canto yo a capela con la banda, y yo creo que la gente, como me ve que estoy cantando sin micrófono, dice: “Ah, es un momento coral”. Y te lo juro que muchas veces la banda entera y yo hemos salido llorando —me dan ganas de llorar de acordarme— de ver que la gente realmente canta, están con los ojos cerrados cantando esa canción, como si fueran ellos los que están haciendo el show, y me da muchísima emoción, porque es un momento completamente horizontal, entre audiencia y músicos, y de repente estamos todos ahí haciendo música, en el sentido más antiguo.

Eso me hizo recordar de una vez que dijiste que te gustaría que tus canciones perduraran, incluso si se le olvida a la gente que son tuyas.

Sí, ese es realmente el sueño, como los boleros, no saber si es de María Grever, de Cantoral o de Manzanero, y aun así cantarlo, sabértelo. Ese es el sueño para mí, porque ahí ya es cultura.


Empezar

Give us a call or fill in the form below and we will contact you. We endeavor to answer all inquiries within 24 hours on business days.