Hay discos que son mapas, brújulas que marcan un punto exacto en la vida de un artista. 667, el nuevo álbum de Juan Galeano, es justamente eso: la bitácora sonora de un regreso, de un viaje que empezó hace más de cinco años y que hoy desemboca en un lugar que huele a barrio, a raíces y a la certeza de saber quién se es.
Galeano, líder y voz de Diamante Eléctrico, cierra aquí una trilogía que comenzó con Peregrino (2018) y continuó con Acabadabra (2021). En medio de estos discos solistas hubo una pandemia, la gestación de dos álbumes junto a su banda (Leche de Tigre y Malhablado), la obtención de un Grammy Latino y, quizá lo más decisivo, su regreso a Colombia después de años en México. Volvió a Chapinero, el barrio que lo vio crecer, y desde ahí comenzó a escribir, grabar y darle forma a un trabajo que suena a hogar pero que también viaja por paisajes lejanos.
La independencia creativa fue clave. 667 se grabó íntegramente en su estudio personal, un espacio que funciona como laboratorio y refugio. Allí, sin la presión de un cronómetro ni la rigidez de un calendario, Galeano pudo experimentar con timbres, ritmos y atmósferas que en otro contexto quizá habrían sido imposibles. “Este es un disco que respira conmigo”, podría decir, y no sería una exageración. La mezcla y masterización estuvieron a cargo de Mauricio García, un aliado de años que conoce la arquitectura sonora que busca Galeano; mientras que el arte visual, hecho por Karim Estefan, traduce en imágenes la mezcla de intimidad y amplitud que recorre las canciones.
Lo que más sorprende en 667 no es solo su diversidad sonora, sino la naturalidad con la que cada canción parece encontrar su lugar. Aquí hay un vallenato melancólico, ‘De Tu Corazón Es Mi Pensamiento’, que suena más a confesión nocturna que a fiesta de acordeón. Hay un afrobeat hipnótico que se entrelaza con el Gnawa del norte de África y la cumbia andina en ‘Que No Se Te Olvide’, construyendo un puente improbable pero luminoso entre continentes. ‘En Cámara Lenta’es un bolero para escuchar con la luz baja y un vaso en la mano; un tema que evoca la nostalgia de un romance vivido a medias. También está la delicadeza de ‘Drume Negrita’, una nana cubana que Galeano interpreta como quien guarda un secreto; y, por supuesto, ‘Anabel’, donde regresa al indie con la elegancia de quien sabe que no necesita alzar la voz para que lo escuchen.
Con 667, Juan Galeano pone un punto final a una etapa y, al mismo tiempo, abre una nueva. Es un trabajo que encapsula su historia reciente pero que también apunta hacia el futuro, con la certeza de que cualquier nuevo rumbo tendrá como brújula esa mezcla de curiosidad, respeto por la tradición y deseo de ir siempre un poco más lejos.
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