Escoger un oficio no resulta sencillo, incluso puede causar vértigo. Cada persona tiene su propio camino, sin embargo, la vida desemboca en un resultado, el cual puede estar influenciado por varios factores que definen una pasión, o bien, una vocación. Para Jacinto ha sido como estar manejando en Periférico —una vialidad confusa en Ciudad de México con muchas desviaciones—, donde en un inicio su destino era convertirse en un hombre de negocios exitoso, pero tomó una desviación que, de forma inesperada lo llevó a convertirse en artista. En el camino se perdió, la confusión y las emociones le provocaron varios dilemas, pero de una u otra forma, encontró su rumbo y con ello una paz que hoy le permite sentirse bien. Con la entrega de su nuevo proyecto musical, Hipersentimental, ha drenado un río de emociones y con su publicación explicó que “tiene un mensaje muy lindo”, pero sobre todo que hizo algo honesto “con mucho corazón y un trasfondo positivo”. Esta no es su primera entrega, de hecho, ya ha publicado tres LP, pero en esta ocasión, a diferencia de otros álbumes, su sentir es el estar “liberado”, porque saca en “crudo” mucho de lo que siente y, sobre todo, se atreve a ser él mismo.
“Estamos programados para hacer algo que no necesariamente queremos. Y es muy valiente decir que no, escucharte a ti primero y hacer lo que realmente te apasiona”.
Gonzalo Guerra Gómez es un chico tapatío (Jalisco) y desde joven tuvo la inquietud de acercarse a la música, se metió al coro de su escuela pero los comentarios de sus compañeros lo orillaron a desistir, al ser distinto al status quo en una escuela católica, se mostraba como alguien diferente, lo marginaban sin valorar lo que sentía. Muy contrario a su dinámica familiar, donde su conexión era íntima, profunda; afirma que su infancia fue feliz.
Durante una temporada se fue a Estados Unidos, aquí pudo conectar con una realidad distinta a la que estaba acostumbrado, y consiguió externar su interés por la música. Expresarse y ser sensible no era mal visto, incluso llegó a tener una banda en ese país. Sin embargo, al regresar a México ese “gusto” que tenía lo veía más como un “hobby”, un “pasatiempo” que un estilo de vida. Creció con la mentalidad de ser proveedor, cumplir con sus obligaciones, convertirse en el modelo perfecto de lo que es ser un hombre de familia, aspirar a estándares seguros. Es así que estudió en el ITAM, y no cualquier carrera: Ingeniería en Negocios. Encontró una vacante en FEMSA, donde desarrolló proyectos de innovación y tecnológicos. Entrando a una etapa de vida más madura, donde más responsabilidades e independencia demandaban decisiones cruciales. Aún así existía una inquietud, una espina que le acompañaba, le acechaba: era su pasión. ¿Realmente estaba haciendo lo que le apasionaba?
El proyecto de Gonzalo Guerra inició de una forma muy “orgánica”. Remontando a esa etapa, él lo contextualiza así: “Yo me gradué del ITAM, estudié ingeniería de negocios, cuando fue la pandemia, yo me veía súper chiquito, tenía 21 años, me gradué con 21”. Menciona que su forma de ser era “muy nerd” y que en ese entonces tenía muchas ofertas laborales y le iba bien en la vida corporativa.
En la pandemia lo escuchó el presidente de Universal Music a través de una publicación que subió en sus redes. Alfredo Delgadillo le mandó un email y le dijo: “te quiero firmar”. Jacinto no sabía quién era él, ni cómo funcionaba la industria, solo hacía música porque le gustaba. Le dijo que estaba dispuesto, pero advirtió, “nomás quiero que sepas que yo no voy a renunciar”, aferrándose a su trabajo porque vivía en la Ciudad de México, tenía que pagar su renta, sus gastos y sus papás no le iban a dar “ni un centavo”. El presidente de la compañía lo entendió, y empezó a sacar música. En su momento solo escribía canciones, no era algo que estuviese fuera de su normalidad, componía y mandaba su música a un productor, aunque, en retrospectiva, comenta que le hubiera encantado producir su primer álbum: Duerme en paz. “Creo que eso es algo que eventualmente voy a hacer”, insinuó, siendo una posibilidad que intervenga las canciones de dicho álbum en un futuro.
Conforme iba sacando música y se le producía, se le solicitó que invirtiera más tiempo en sus redes, que difundiera más su música, pero en ese momento su “enfoque” lo prioriza en otras obligaciones. Él ya anunciaba que no estaba seguro de dedicarse a la música, al menos “de tiempo completo”. Disfrutaba su presente, trabajaba, sacaba música y le empezó ir bien, aún cuando no la difundía. En una ocasión, un amigo le dijo: “Güey, eres un pendejo porque tu música es muy buena, no mames, hazle más promoción para dedicarte a esto”, pero en su momento no le interesaba convertirse en una figura pública y lo que implicaba: ser el “centro de atención”. Le causaba inquietud imaginarselo. Aún así cedió a la presión y empezó a subir contenido en redes.
Jacinto impulsó proyectos como los de Spin, las terminales, a la par de que lanzaba Las cápsulas del tiempo son rosas (y unos demos). Su vida laboral se dividía en dos rubros: ser ingeniero y ser artista, este último más un hobby que un trabajo oficial. Mientras realizaba la promoción de este álbum, comenta que le dió apertura al concierto de Niall Horan, algo que “cambió” su vida “por completo” porque pasando de ser un artista “no tan conocido” consiguió conectar con el fan base del ex miembro de One Direction. Esto sucedió en septiembre de 2024, y allí fue cuando se dio cuenta que su proyecto musical se estaba empezando a poner “serio”. En enero de 2025 habló con su jefe de trabajo y le anunció su decisión final: “Tengo que renunciar”, le dijo. Ahora podría profundizar en la producción de sus proyectos, sus conceptos artísticos, dedicarse de tiempo completo y energía a la música, así como al mundo que le rodea.
Del Jacinto de ahora al de hace cinco años existe una gran evolución. Uno de sus sueños era irse a estudiar a Stanford para hacer su maestría en la prestigiosa universidad estadounidense. Dice haber tenido todo “super idealizado”desde que se graduó, sin embargo, nunca se imaginó componer música y ser un artista. Cuando dejó su trabajó sufrió por un momento, ya no tenía un salario, ni aguinaldo y ahora, ¿de qué iba a vivir? “Puta güey, voy a cambiar mi vida. Probablemente me va a costar más trabajo tener esta familia tradicional que te pintaron de chiquito. Ya soy figura pública. Este pedo va a seguir creciendo y cada vez va a ser más difícil tener esas cosas que me programaron a tener toda mi vida”, pensamientos como estos le empezaron a inundar. “Me entró la incertidumbre los primeros tres o cuatro meses desde que renuncié”, explica.
‘Qué raro es ser normal’ la escribe después de haber dejado su trabajo, en un proceso donde asimila su nueva realidad.
“me dicen que soy raro/
que ya no quiero estar encerrado en una caja de un molde tradicional/
que soy un complicado y solo voy a acabar/
por que no tengo una oficina ni pareja formal/
no tengo horarios ni rutina u orden en general/
creen que no entiendo la vida y que me voy a arruinar/
soñando que estrellas me gritan/
que raro es ser normal”
Jacinto explica que esta canción la escribió pensando: “Güey, fuck, la cagué”, porque por fín decidió dedicarse a hacer lo que más ama hacer en el mundo. No veía en la música un estilo de vida, porque si bien le ha acompañado en varios momentos, de una forma u otra: “Yo siempre lo ví como una escapatoria muy personal, catártica, nunca fue para mí una forma de hacer negocio”. Era un mundo sagrado para él, su lugar seguro, y ahora podría vivir de esto, sin embargo, en el pasado se quería convencer de que necesitaba una maestría y ser exitoso en los negocios, ser un emprendedor, porque “así me programaron toda la vida”. Su sentir lo describe como haber regresado a la vida, “Regresé a ser chiquito”.
Se redescubrió, encontró en lo que ama una oportunidad y su familia lo ha podido constatar. Menciona que su hermana le dijo que hace un año estaba “gris”; ahora lo ven con color. “Yo no me sentía al 100, estaba conflictuado por mil cosas”, explica.
Muchos jóvenes pueden sentir frustración porque se les orilla a estudiar o vivir de una carrera en la cual no desean desempeñarse. Jacinto pudo romper con varios moldes, uno que ha durado por varias generaciones. “Mi papá, mi abuelo, mi bisabuelo y no sé cuantas generaciones son ingenieros”, relata y admite que existe una cultura arraigada en la cual no se busca hacer lo que uno ama. “Y es muy valiente decir que no, escucharte a ti primero y hacer lo que realmente te apasiona”. Él ve a sus padres y a sus hermanas felices por el estilo de vida que han escogido, reconoce en ellos su felicidad y la satisfacción por convertirse en profesionales y ser “personas excelentes”, sin embargo, no es un estilo de vida en el que se ve proyectado.
“Porque agarrarlo y confrontar esa pasión que tienes es de locos y de gente valiente. La vida premia a los valientes”.
La música siempre le ha acompañado y afirma que por más que quisiera, nunca pudo escapar de ella, ya que, de una u otra forma terminaba relacionado con este arte. De todos modos ha sido un proceso de continuo autodescubrimiento que ilustra empleando la siguiente metáfora: “Imagínate que te programan para ser un bloque cuadrado, y para encontrarte, entenderte, es necesario picar esa piedra”. Continúa explicando que no es hasta que das con el núcleo de la estructura que te das cuenta de lo que hay adentro: “ahí eres tú”. Así lo visualiza él, probablemente estuvo influenciado por su entorno, su realidad, pero poco a poco ha picado su piedra hasta descubrir quién es de verdad.
La confusión ha sido una etapa, una que ha trabajado y pulido. En un principio pudo dar con un resultado deforme, pero ha esculpido su verdadera esencia hasta encontrarse con una forma. En el 2020, cuando tenía 22 años, le firmaron para crear su primer disco. Por ese entonces, recuerda “no saber qué hacer” con su vida, por lo que tuvieron que pasar “tres o cuatro años” para ubicarse y entender qué decisiones iba a tener que tomar.
“Creo que estar perdido es muy importante, es parte de quién eres. Necesitas estar perdido para encontrarte”.
Vulnerarse ante el mundo puede resultar complicado, sobre todo en un mundo digitalizado donde la opinión pública está homogeneizada en un mar de información y sesgos. Es por eso que abrir su corazón ante el mundo es exponerse al juicio de miles de perspectivas. Jacinto confiesa que “está raro” ya que parte de ser artista es “atreverse a ser vulnerable” y posiblemente exponerse ante miles de millones de personas, sin embargo, confiesa que en pasadas entregas “no lo había hecho realmente”, ya que en la mayoría de sus canciones emplean un lenguaje “encriptado, poético, metafórico y no necesariamente tan directo” respecto a lo que siente. Ahora que presenta su nuevo álbum pretende romper con este esquema y desnudar sus emociones, hablar de cada letra, explicarlas y ser más activo con su comunidad a través de sus redes sociales. De esta forma se puso un objetivo: no solo presentar sus canciones, sino hablar de ellas, profundizar en ellas y hablar de por qué las escribió. Es así que al presentar este proyecto enfrenta un desafío que no solo trasciende en lo creativo, sino que impacta en un nivel más íntimo, personal. “Si voy a hacer esto el resto de mi vida, quiero construir algo tan sólido que me sienta cómodo siempre haciéndolo”, apunta.
Crear un podcast con sus amigos le ha permitido hablar de su música y de temas que no siempre se abordan entre hombres. Abre ante una audiencia la posibilidad de que exista un diálogo de tópicos que pueden resultar incómodos —como la fragilidad del ego masculino— pero no solo eso, de divertirse, “cotorrear” y ser simplemente él.
Por lo general, la visión que se tiene de artistas como Liam Gallagher, Thom Yorke, Gustavo Cerati o el mismo Charly García es la de personajes que han transformado la música, trascendido en la industria como leyendas y son considerados como “seres místicos, misteriosos”. Aunque dentro del imaginario cultural y para grandes comunidades de fans sea así, Jacinto pretende romper con esa ideología para sí mismo. “No soy místico ni misterioso, soy intenso, abierto y no podría crear un personaje falso”, explica. “Ese no es el artista que quiero ser, aunque los admire”. Lo que busca es aceptarse por quien es él. Es así que la creación de este proyecto con sus amigos —el podcast— es una forma de mostrar su personalidad con más transparencia y aunque nunca se imaginó estarlo haciendo, ahora es un pilar de su vida. “La gente puede saber quién soy fuera del ‘poeta’ que escribe canciones bonitas”, dice, pues allí comparte sus experiencias de vida, platica sobre sus “crisis existenciales” y recuerda que es normal atravesar esas etapas. “Y también no está mal decir cómo te sientes, hablar de emociones, abrirse”, añade. Con esta intención presenta su nuevo álbum y lo refleja paralelamente a través de este podcast.
El diseño del álbum presenta a Jacinto sentado, él recarga su brazo derecho en una bocina, con su brazo izquierdo sostiene una pintura. Del lado izquierdo hay otra bocina y atrás, un pato. El cuadro que sostiene es uno que pintó su hermana, el cual se inspira en artistas como Van Gogh, Dalí, Mondrian, Henri Matisse entre otros que “le gustan mucho”. La composición tiene la intención de expresar la forma en que ve la vida, su realidad y lo que le rodea. Cada elemento tiene un significado: la bocina representa la presencia de la música en su vida, el medio que le ha permitido “narrar mi perspectiva de la vida de una manera más elocuente y simple”. El cuadro es cómo percibe la realidad desde un ángulo puro y lo traspasa a su escritura, en la que se apoya para “pintar mejor” y expresar cómo se siente. El pato es una representación de que crear es como cuando eras niño y jugabas, donde la imaginación cuestiona lo que se percibe como realidad y pone en duda lo que se considera normal; así, también representa la espontaneidad y la diversión como elementos “fundamentales en mi manera de crear”.
‘Maniático’ es una de las primeras canciones que lanzó, en la cual canta: “a veces te pienso, pero luego no”/ “estabas en mis planes, pero eso me aburrió”/ “viernes 13, mesa para dos”/ “pero quédate el domingo por si estoy nostálgico”. Explica que la escribió en julio del año pasado, y se la dedica a una “morra” con la que estuvo saliendo. Ella le dijo: “Hubiéramos sido una gran pareja”, en el contexto de una “peda”. “Nos llevamos bien, éramos cuates, había conexión y hubo muchos queveres entre ella y yo”, dice, sin embargo, ella le aclaró que no estaba lo “suficientemente loca”. Tomándoselo con mucha ironía y risa, pensó que en realidad le valía “madres” que le digan que le gustan las locas. Describe que hay una teoría en la que “si ellas están locas”, él está “más loco”, entonces en realidad es un “maniático”. Ahora que no se encuentra en una relación “tóxica” le resulta extraño, porque de estar en una dinámica constante de “loca” y “loco”, le cuesta conectar con mujeres que poseen un mejor perfil, quizá más maduro, y eso es consecuencia de estar “mal acostumbrado” y de encontrar el amor en “lugares incorrectos”.
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