El sábado, en el segundo de sus tres recitales en cancha de River, Bad Bunny venía respetando a rajatabla la lista de temas de la noche inicial, con excepción de la “canción exclusiva”, que suele incluir en su set y que ,en esta ocasión, le tocó hacer con su paisano Mora. Hasta que por el escenario principal sorprendieron los argentinos Duki y Khea para cantar juntos el remix de “Loca”. Cerca del desenlace del hit, irrumpió también por el tablado Cazzu, desatando la locura entre los 80 mil fanáticos. Al terminar, el boricua le pidió a esa masa todavía enardecida que le dieran todo su amor a esas personas que le abrieron las puertas de su movimiento hace muchos años. Duki y Khea salieron entonces de cuadro y la jujeña se quedó “hosteando la situación sola”, según ella misma definió, para luego cantar la cumbia “Con otra”.
En mayo de 2018, cuando era la flamante sensación del trap latino y del reggaetón, Benito Antonio Martínez Ocasio actuó por primera vez en el Luna Park; sin siquiera imaginar que más adelante se transformaría en la gran bestia pop que es hoy, ni mucho menos en que se volvería una de las pesadillas más incómodas en la “batalla cultural” de Donald Trump. Apenas en junio del año anterior, había debutado en la Argentina con una gira que lo llevó a bolichear por el Gran Buenos Aires. Arrancando en Avellaneda y terminando en Quilmes, en el medio llegó a consumar seis actuaciones en un mismo día, entre las que se destacó la de Jesse James, en Isidro Casanova, para coronar así su bautismo a fuego en el Conurbano picante.
En aquellos tres Luna Parkas agotados de 2018, no hubo puesta en escena, ni steadicam, ni tampoco narrativa. Pero si estuvieron como invitados Duki, Khea y Cazzu (al parecer, ella se enteró de la invitación casi sobre la marcha y conoció al “Conejo Malo” en escena. Pegaron onda. Decidieron probar hasta dónde podía llegar el amor, pero no pasó de ahí).
No fue la única deuda que se saldó en las dos horas y media de performance este sábado en River. De hecho, la otra puede que nunca se liquide. Y es que el artista manifestó una y otra vez lo agradecido que está con este terruño. “Gracias por haber creído en mí y por haber visto lo que el mundo está viendo ahora”, dijo Bad Bunny en la antesala del tercer y último bloque de su espectáculo, que fue el que tuvo como protagonista al tridente criollo del género urbano. Seguramente no sea consciente de eso, pero la Argentina también le debe mucho a él porque logró acercar a este “fin del mundo” la alegría que fluctúa en la inmensidad del mar Caribe. Algo que se intentó por primera vez cuando Los Fabulosos Cadillacs, ante la carencia de sabor, la “salsearon” a su manera en el disco El León (1992).

Dos décadas más tarde, desembarcaron los reggaetoneros. Daddy Yankee, Don Omar, Vico C y Wisin & Yandel allanaron el terreno para esta “puertorricación” (si se permite el neologismo) de Buenos Aires, alienación que acabó con ese imaginario de que acá sólo se podía hacer rock. Desde entonces, el “tú” le ganó terreno al “vos” en las canciones, mientras que el “jangueo”, la “pary” o el “bendiciones” se tornó en una constante en el argot recitalero. Por eso no resultaba extraño que por el barrio de Núñez, en los diferentes ingresos al estadio Monumental, los nativos digitales lucieran la “pava” (el sombrero de palma de yarey que mundializó el rapero), prendas alusivas a la “La Isla del Encanto”, poniendo especial énfasis en ese azul independentista.
Cuando este antiguo trabajador de supermercado pateó el tablero con su anterior álbum, Nadie sabe lo que pasará mañana (2023), era consciente de que había llegado a la cima. “Yo soy la estrella má’ grande en el mundo entero”, rapea Martínez Ocasio en el tema “Nadie sabe”. No obstante, tras el paso del huracán María en 2017, Puerto Rico tardó en levantarse de ese desastre. Aunque no sólo por eso, el 41 por ciento de su población vive bajo el umbral de pobreza, al tiempo que fueron humillados con la Ley 60, con la que los ciudadanos estadounidenses tienen hasta 75% de exención en impuestos sobre la propiedad, acaparando el negocio inmobiliario. Frente a este escenario colonizador, Benito, como lo vitorea su fandom local, decidió hacer un disco no apto para turistas.

Debí tirar más fotos, sexto material de estudio que desencadenó la gira que lo trajo este fin de semana XL a la capital argentina, versa sobre la nostalgia, la valoración del presente, la sencillez de lo cotidiano y la reivindicación de las raíces. Todo esto en clave de salsa, plena, bomba, reggaetón y dembow. En una época en la que la patria pasa por internet, este abrazo a la tradición del país antillano se convirtió en un fenómeno sin precedentes en la cultura pop, poniendo incluso de moda al español. Al punto de que fue el primer trabajo cantado completamente en ese idioma que obtuvo el premio al “Album del año” en los Grammy, el 1° de febrero. Un hito amplificado aún más el domingo siguiente con la actuación de Bad Bunny en el Super Bowl, vista nada más en los Estados Unidos por 128 millones de personas.
Todo eso calentó la previa de esta vuelta. Pocas veces se vio por estos lares a un artista que haya crecido tan exponencialmente y en un margen de tiempo brevísimo. Aunque no gozó de toda la teatralidad de “No me quiero ir de aquí”, la residencia de 31 fechas que llevó adelante en el Coliseo de Puerto Rico, y con la que inauguró esta etapa de su carrera, la performance de esta parada del tour sostuvo una dinámica endemoniada, al igual que versátil. Con un main stage y un escenario secundario, más conocido como “La Casita” (inspirado en los hogares humildes de la isla), a manera de receptáculo.

Debido al pronóstico de lluvia latiente pare el sábado, la función del día dos largó una hora antes de lo previsto, a las 20. El relato del show involucró a todos los protagonistas de la grabación, empezando por Los Sobrinos: la orquesta de salsa con la que desarrolló la primera parte. Los introdujo un video filmado en un conventillo del barrio de La Boca, donde un chico y un hombre mayor invocan a Conejo Malo recitando, cual Padre nuestro, el tema “La mudanza”. Lo que dio pie para que en el escenario principal apareciera eyectado desde abajo del tablado, con su traje beige, seguido por los 17 músicos del ensamble.
Comenzaron justamente con “La mudanza”, escoltada por la adaptación salsera de “Callaíta”. Entonces Benito espetó: “Todas las noches en Argentina son legendarias, pero estoy seguro de que esta las superará”. Acto seguido, entró en escena el cuatrista José Eduardo Santana para el preludio de “Pitorro de coco”, en tanto el rapero pelaba la botella de este ron típico de su país que inspiró el tema. Se sirvió un trago, y entró en acción, y luego se sumó Lorén, del dúo Chuwi, en “Weltita”. Desenvainaron el bolero “Turista”, y el tecladista Sebastián Torres se encargó de la obertura de “Baile inolvidable”, amenizado por una pareja de bailarines. Y llegó el cierre del segmento de la mano de “Nuevayol“, basado en el clásico “Un verano en Nueva York”, de la orquesta El Gran Combo de Puerto Rico (que vino al Gran Rex en 2025).

Se apagaron las luces, y el Sapo Concho asaltó la pantalla. Mientras narraba sus aventuras en Buenos Aires, el artista de 31 años se mudó a La Casita. Ahí lo esperaban sus bailarines, gurupiés, y Guillermo Novelis, cantante del grupo La Mosca, y Callejero Fino (como lo hicieron la noche anterior Tini, María Becerra y Bizarrap). Bad Bunny, ataviado ahora con gorra, campera, shorts y zapatillas de boxeador, repasó ahí su repertorio urbano. Emprendió con el reggaetón old school “Veldá”, de Debí tirar más fotos, para luego despachar el dembow “Tití me preguntó”. En ese instante, el rapero, vaso en mano, ya se había trepado al techo, de donde destacaban el aire acondicionado y la antena de DirecTV. Bajó un cambió con el trap “Neverita”, e invitó al baile con la versión dance de “Si veo a tu mamá”.
El grueso de su actuación se fundamentó en el escenario ubicado en el fondo del estadio, donde reincidió en el reggaetón a través de Voy a llevarte pa’ PR, y vaya que sus bailarines la perrearon fuerte. Fue uno de los mejores pasajes del show, poniendo a bailar además a toda esa multitud con las sediciosas Me porto bonito y el remix de No me conoce. Si bien en el inicio advirtió que la suya era una propuesta sencilla, no avisó que se podía poner candente. Alcanzado su clímax en Monaco. Entonces en la inmensa pantalla horizontal erigida algunos metros atrás del main stage, se leyó que se venía una canción que no se repetiría en otro recital. Y Mora hizo acto de presencia para cantar el reggaetón “Una vez”, completando el set con “Café con ron”, al lado de Los Pleneros de la Cresta (el viernes recrearon “De música ligera”, de Soda Stereo).

Al regresar al escenario principal, el hijo pródigo de Bayamón subió por la escalera con un outfit en el que destacaba su gorro de invierno y sus guantes blancos, por más que advirtió en La Casita que trajo consigo a esta megalópolis el verano siempre reinante de la también cuna del todopoderoso Héctor Lavoe. Esa sección del show la consagró a sus canciones downtempo, en las que no sólo despuntó la que consumó al lado de la Santísima Trinidad del trap argentino, sino que también brillaron otras creaciones nacidas de la colaboración con otros colegas. Esta vez ausentes. Como “Ojitos lindos” (con Bomba Estéreo), el R&B remojado en sandunga “La canción” (con J Balvin) y la housera “Dákiti” (con Jhay Cortez).
En la conclusión de este rencuentro con el público local, el artista, evidenciando a estas alturas un notable estado de gracia, embistió con el house tribalista “El apagón”. Y prosiguió con la canción que le da título al disco, llamada mediante sus iniciales: “DTMF”. Una vez que dejó atrás a esa bomba llevada al terreno de la vanguardia sonora, Bad Bunny pidió a la mar de gente que no lo olviden a él, ni tampoco a esa noche. Antes había agradecido por tanto amor y por aceptar su cultura, proponiendo sólo intercambiar idiosincrasias: ellos serían los argentinos y el público se convertiría en boricua. Es por eso que luego de que sonó el reggaetón salvaje “Eoo”, con el que acabó la lista de temas, muchos salieron de ahí fascinados y manijas diciendo: “¡Viva Puelto Lico!”.
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