Hay cosas que nunca cambian, y una de esas es el pesimismo juvenil. A principios de los años 2000, los jóvenes de las grandes ciudades parecían atrapados en un camino predeterminado para la mayoría: salir de la escuela, terminar la universidad, conseguir un trabajo de escritorio ocho horas al día, cinco días a la semana, y desahogar la frustración de la monotonía con placeres efímeros pero hasta cierto punto efectivos.
Todo esto ocurría en un momento de incertidumbre: el optimismo económico de los noventa se había derrumbado con el estallido de la burbuja puntocom y la recesión de 2001, mientras el mundo entraba en una nueva era marcada por los atentados del 11 de septiembre, el aumento de la vigilancia y un clima político cada vez más tenso.
Hoy, más de dos décadas después del inicio del nuevo milenio, el pensamiento colectivo entre muchos jóvenes no es tan distinto, cambiando solo los elementos del entorno: Instagram para vender estilos de vida inalcanzables, TikTok para terminar de destruir la capacidad de atención de las personas, ChatGPT para reafirmar cualquier cosa que se le diga en un tono complaciente y poco crítico, y el auge del fascismo y la extrema derecha en todo el mundo que al parecer su objetivo es generar la mayor cantidad de conflictos bélicos posibles.
Así pues, volver a los discos que marcaron el inicio del siglo ayuda a entender el espíritu de la época. Al realizar el ejercicio, es imposible ignorar a una banda neoyorquina que cambió el panorama del rock: The Strokes, con su álbum debut, Is This It.
Para 2001, el garage rock comenzaba a quedar cada vez más al margen de la industria. En su lugar, el metal —especialmente su vertiente más comercial, el Nu metal— dominaba la conversación. Las letras eran melancólicas, introspectivas y, en muchos casos, confesionales, reflejando el desencanto de una generación. Sin embargo, el género se agotó rápido y muchos de esos sonidos comenzaron a sentirse repetitivos, creando el terreno perfecto para que nuevas propuestas le hicieran competencia. Así, en el corazón de Nueva York empezó a tomar forma The Strokes, que sin saberlo, estaban llamados a revolucionar el rock contemporáneo.
La banda nació a finales de los noventa. Julian Casablancas volvía de un internado en Suiza, y en conjunto con sus amigos Nick Valensi en la guitarra y Fabrizio Moretti en la batería comenzaron a tocar juntos y a explorar un sonido influenciado por el garage rock y el post-punk. Poco después se sumarían Nikolai Fraiture en el bajo y Albert Hammond Jr en la segunda guitarra para completar la formación clásica del grupo. Lejos de los grandes escenarios, el quinteto empezó a construir su identidad tocando en pequeños bares y clubes de la escena neoyorquina.
Sus presentaciones llamaron la atención por tener una combinación poco común para la época: guitarras crudas, melodías enérgicas, letras sarcásticas y centradas en experiencias personales con las que cualquiera podría identificarse, además de una actitud despreocupada que recordaba tanto al punk neoyorquino como al rock británico de finales del siglo XX.
De esa forma, bajo la producción Gordon Raphael, el grupo publicó su primer EP, The Modern Age, compuesto por tres canciones que después harían parte de su álbum debut. El lanzamiento capturó la esencia del grupo, que destacaba en particular por la voz distorsionada de Casablancas que le daba ese toque crudo y directo a cada tema. Aunque fue una edición limitada, el EP comenzó a circular rápidamente entre sellos discográficos y periodistas musicales, generando un entusiasmo inusual alrededor de una banda que todavía estaba dando sus primeros pasos. Ese impulso abrió la puerta para que The Strokes grabara su primer disco.
De nuevo junto a Raphael, quien desde ese momento sería su productor predilecto, los integrantes decidieron mantener el sonido minimalista y deliberadamente imperfecto que había caracterizado su proyecto y que contrastaba con la producción pulida dominante en el rock de la época. De esa forma nació Is This It, un disco que en poco más de media hora condensó un sonido disruptivo para su momento y que terminaría convirtiéndose en uno de los más influyentes del siglo, marcando profundamente a bandas que surgirían después como los Arctic Monkeys o Franz Ferdinand.
Un detalle curioso que acompañó el lanzamiento fue la existencia de dos portadas. La versión original, utilizada en la mayoría de países, muestra la fotografía de una cadera femenina con un guante de cuero negro apoyado sobre la piel, una imagen minimalista y provocadora tomada por Colin Lane.
Aunque ha dado lugar a distintas interpretaciones, entre los fanáticos suele leerse como una metáfora: el cuerpo representaría la inocencia de la juventud, mientras que el guante simboliza la irrupción de la realidad, un mundo exterior que termina contaminando o arrebatando esa pureza, un tema que atraviesa buena parte del imaginario del proyecto.
Debido a su connotación sensual, para el lanzamiento en Estados Unidos el sello discográfico decidió reemplazarla por una imagen científica que muestra la visualización de una colisión de partículas registrada en un experimento del CERN, evitando así posibles polémicas. Con el paso del tiempo, sin embargo, la portada del guante terminó convirtiéndose en la imagen más icónica asociada al álbum.
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El LP abre con ‘Is This It’, que también le da nombre a todo el trabajo. Este tema es la introducción perfecta, pues adentra de inmediato el concepto del álbum con una pregunta simple pero contundente: “¿eso es todo?”. Todo aquello que se le prometió a una generación —las fiestas, los excesos, las relaciones pasajeras, la idea de una vida emocionante— aparece de pronto puesto en duda. En un mundo cada vez más individualista y con un futuro que parece volverse más incierto, la canción sugiere que ninguno de esos placeres termina siendo suficiente. Así, detrás de la aparente despreocupación de la vida nocturna, persiste un vacío que explica por qué esos placeres fugaces terminan repitiéndose una y otra vez.
El disco continúa con ‘The Modern Age’ y ‘Soma’. La primera hace referencia a la búsqueda de autenticidad en una ciudad donde todo son apariencias. Versos como “Stop to pretend, stop pretending / It seems this game is simply never-ending” (Deja de fingir, deja de fingir / Parece que este juego es simplemente interminable), muestra esa impotencia de siempre tener que aparentar para encajar, además de reflejar el uso de drogas para que ese performance, por decirlo de alguna manera, sea más fácil de sobrellevar.
En línea con esta última idea llega ‘Soma’, que hace alusión al “ Soma”, una droga ficticia de la novela distópica Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley. En el libro, la sustancia es utilizada por el Estado para mantener la estabilidad social gracias a su capacidad de eliminar sentimientos negativos, inducir a la euforia, evitar la infelicidad sin efectos secundarios graves y actuar como un sustituto amoral de la religión y el alcohol. En la canción, la palabra se usa para hablar de lo que toman los jóvenes cuando la realidad los golpea (“Soma is what they would take when / Hard times opened their eyes”), dejando ver que la juventud actual haría lo necesario para evadir el mundo real, acudiendo desde alcohol y drogas, hasta cualquier otra distracción vacía.
Cambiando de temática llega ‘Barely Legal’, una canción que nos pone en los zapatos de un hombre que le canta a un interés romántico que, como sugiere el propio título, apenas ha alcanzado la mayoría de edad. Más allá de la provocación superficial, el tema introduce uno de los conceptos más importantes del proyecto: la inocencia. El narrador se mueve entre la atracción, la confusión y la sensación constante de incomodidad con el mundo que lo rodea, mostrando que esas relaciones intensas y algo impulsivas también forman parte de la búsqueda de sentido que atraviesa a esa generación.
El protagonista quiere robar la inocencia de la chica en cuestión, y al parecer es lo único que le interesa de ella, tal como se deja ver en versos como: “Oh, you ain’t never had nothing I wanted, but / I want it all, I just can’t figure out” (Nunca tuviste nada que yo quisiera, pero / Quiero todo, solo que no puedo entender). A la vez, la canción pone sobre la mesa la naturaleza de las relaciones pasajeras, donde solo se busca disfrutar del momento para luego desechar al otro como si fuese nada más que un objeto de placer.
Si ‘Is This It’ fue el abrebocas, ‘Someday’ se convierte en el centro conceptual del trabajo, además de ser una de las canciones más recordadas del álbum. Su melodía pegajosa y alegre contrasta fuertemente con la letra cargada de pesimismo y un marcado sentimiento de melancolía. En ella se nos muestra a un joven que añora sus días de juventud, recordando la diversión con amigos, una que otra pareja y cómo, poco a poco, los miedos que lo persiguen se acercan cada vez más.
En ese sentido, la voz de Maya, su amiga, cuestiona esa forma de ver el mundo: “Oh, Maya says I’m lacking in depth” (Maya dice que me falta profundidad), lo que funciona como un llamado de atención para tomar acción sobre su vida y enfrentar los sentimientos que lo aquejan, un mensaje para el protagonista e incluso para los oyentes. Al final, parece que el joven decide hacer caso a su compañera, declarando que no piensa perder más tiempo y que, al menos, intentará esforzarse más.
El final esperanzador de la canción anterior se cae por completo en ‘Alone, Together’, donde si seguimos la línea narrativa del disco, el personaje de ‘Someday’ termina cayendo en la dinámica neoyorkina. El título muestra cómo para este punto, el joven ya está consumido por el individualismo y le da igual si está solo o acompañado: asegura que se rindió ante el capitalismo que dominaba la sociedad estadounidense por esos años.
Versos como “He knows it’s justified to kill to survive / He then, in dollars,makes more dead than alive / Let’s suck more blood, let’s run three hours a day / The world is over but I don’t care” (Él sabe que está justificado matar para sobrevivir / Luego, en dólares, hace más muertos que vivos / Chupemos más sangre, corramos tres horas al día / El mundo se acabó pero no me importa) dejan clara esa idea, todo al ritmo de uno de los riffs de guitarra más fuertes de todo el disco y un esfuerzo vocal de Julian impresionante. Además, el tema habla, en menor medida, de las relaciones efímeras, que conecta con la siguiente canción.
En ‘Last Nite’ encontramos a un personaje roto por el ritmo frenético de la ciudad, totalmente insensible e incapaz de mantener vínculos amorosos por su falta de empatía. Su pareja le interpela debido a que se siente apartada, lo que genera en ella un profundo malestar anímico: “Last night she said / Oh, baby, I feel so down / Oh it turn me off / When I feel left out”. Con una actitud cínica y distante, él se desentiende de la situación, marchándose sin mirar atrás: “So I, I turned around / Oh, baby, I don’t care no more / I know this for sure / I’m walking out that door”.
El mismo cinismo que lo lleva a distanciarse lo empuja a mentir y mantener la ilusión de un hombre comprometido con la relación, todo para al final terminar marchándose y dejando sola a su ahora expareja: “So I, I turned around / Oh, baby, I’m gonna be alright / It was a great big lie / ‘Cause I left that night, yeah”. De esta manera, la canción refuerza en un retrato pesimista pero realista cómo funcionan las relaciones interpersonales en la actualidad debido a la dificultad emocional de los jóvenes para conectar con alguien más.
‘Hard to Explain’ introduce una mirada más introspectiva sobre la confusión interna de la juventud, donde la desconexión y la poca capacidad para comunicar correctamente sus ideas y sentimientos se llevan todas las luces. El narrador intenta actuar correctamente, pero sus acciones contradicen sus intenciones (“I say the right thing but act the wrong way”), reflejando la tensión entre lo que uno es y lo que el mundo espera que sea.
Ese “It’s hard to explain” (Es difícil de explicar) que se repite se convierte en un mantra que resume esa la lucha por expresar emociones en un entorno caótico, mientras líneas como “I am too young and they are too old” (Soy muy joven y ellos muy viejos) ponen en evidencia la brecha generacional y la sensación de no encajar. Con su energía nerviosa, drums constantes, guitarras entrelazadas y producción lo‑fi, el tema condensa la ansiedad, el cinismo y la búsqueda de autenticidad que atraviesan todo el proyecto.
En ‘New York City Cops’ se evidencia la clásica aversión a la autoridad que caracteriza a muchos jóvenes, mientras cuenta una historia de crimen protagonizada por una pareja de delincuentes, no sin antes dejar el recado a los policías de la ciudad: “New York City cops / New York City cops / New York City cops / But they ain’t too smart” (Policías de la ciudad de Nueva york / Policías de la ciudad de Nueva york / Policías de la ciudad de Nueva york/ No son demasiado inteligentes). La canción fue retirada de la edición estadounidense tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, convirtiéndose en un registro casi prohibido de rebeldía urbana.
Por su parte, ‘Trying Your Luck’ mantiene la energía cruda y directa de la banda, con riffs rápidos y un ritmo acelerado que refleja la impulsividad y el azar propio de Nueva York, atrapada entre el deseo de tomar riesgos y la sensación de estar siempre a la deriva.
Finalmente, ‘Take It or Leave It’ representa el cierre perfecto para un álbum que nunca pretendió ser más de lo que es. Si ‘Is This It’ abrió el disco con una pregunta, esta canción la responde: o lo tomas o lo dejas. El narrador se muestra como alguien que ha tomado el control de su vida y de sus decisiones, dejando claro que no hay espacio para medias tintas e instando, como en varios tramos del álbum, a las demás personas a hacerlo. Al mismo tiempo, transmite cierta resignación ante la inevitabilidad de la decepción en las relaciones humanas, reflejando cómo todos pueden ser deshonestos o duros, y cómo todos llegan a un punto en que ya no toleran más engaños ni falsas expectativas. Como cierre, no solo resume las temáticas de Is This It, sino que también deja al oyente con la sensación de confrontación y libertad.
Es claro por qué este álbum impactó con tanta fuerza: ese sonido crudo, junto a unas letras brutalmente realistas, permitía que cualquier joven se reconociera en las vivencias que cantaba Casablancas. Una generación que necesitaba una válvula de escape encontró en Is This It el sonido perfecto para hacerlo.
Ese es precisamente el motivo por el que veinticinco años después sigue tan vigente. La situación de los jóvenes de hoy no dista mucho de la de aquellos que compraron el álbum en 2001: el ciclo se repite, los nombres cambian, pero el vacío es el mismo. Mientras eso no cambie, este disco seguirá sonando —y resonando— en las mentes de quienes, generación tras generación, se asomen al mundo y se hagan la misma pregunta que abre el proyecto: ¿eso es todo?
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