“¡Gracias, Diego!”, dice Manu Chao y mira al cielo. Tiene en la mano una remera azul, con el 10 en la espalda y el apellido Maradona en la espalda, que le acaban de regalar. Acaba de terminar su pequeño concierto en un pequeño tablado montado en la calle Azamor de Villa Fiorito, con la casa natal de Diego Armando Maradona como el mejor de los telones escenográficos. Acaba de darle un abrazo al Rayo (alias Big Buda), el rapero que lo llevó al Potrero de Dios por primera vez a comienzos de este año, con quien giró por el litoral y el que lo trajo otra vez al barrio. Acaba de cantar un puñado de canciones para unos 70 vecinos, que en poco más de media hora, gozaron de una especie de Tiny Desk íntimo, encantador y festivo acá, en Villa Fiorito.
Antes de partir a Guatemala, próximo tramo de su gira, Manu pasó por la casa natal del genio del fútbol mundial, musa de “Santa Maradona” -el clásico de Mano Negra- y de “La vida tómbola”, dos canciones indispensables en su cancionero. Conoció a uno de los referentes de Ciudad de Dios, el proyecto de solidaridad maradoneano, que une Nápoles, La Paternal y Villa Fiorito. Y charló y se sacó fotos con los vecinos del barrio, que no podían creer del todo lo que estaba pasando.

A modo de ofrenda, ofreció un set imbatible de canciones, una guitarreada que podría haberle hecho perder el avión. Clásicos como “Clandestino”, “La vida Tómbola” y “Desaparecido” convivieron en el set con “Viva tú” (la canción que le da título a su flamante álbum, y era conmovedor ver a las niñas del barrio jugando en la vereda mientras Manu, con esa dulzura característica, cantaba “tu la vecina del barrio…”) y versiones de “Cómo que no”, del artista uruguayo Gustavo Pena (popularmente conocido como El Príncipe) y “Me quedo contigo”, de Los Chunguitos, que Manu se apropió para su repertorio.

Manu se presentó con los dos músicos con los que giró por Entre Ríos, Corrientes y Misiones: el Rayo (aka Big Buda), anfitrión de la movida y dueño de un flow vertiginoso como su apodo, preciso y lleno de referencias barriales (este domingo 10 a las 19 se presenta en el Salón Pueyrredón, entradas acá), y el guitarrista rosarino Matu Mati, con quien Manu ya juega de memoria. A esa formación la reforzaron en las guitarras y coros dos talentosos cantantes y compositores Ilán Amores y Guillermo Beresñak. Y un refuerzo de lujo: el talentoso Nachito Rock, un prodigioso guitarrista de apenas 8 años, con quien Manu quedó verdaderamente encantado.

El show empezaba a caer en Fiorito y Manu tenía que llegar a tiempo al Aeropuerto. Como los murguistas en la retirada, dejó a todos flotando, conscientes de que había sido un momento mágico, y dejó una promesa flotando en el aire, la de volver, siempre, a cantar a la casa de Diego.
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