Las primeras notas del acordeón en ‘Dime pajarito’ son el ejemplo perfecto del sentimiento propio del vallenato.
En tierra de acordeones nació Israel Romero Ospino, en Villanueva, La Guajira. Participó en el primer festival de su pueblo, que años más tarde se convertiría en el Festival Cuna de Acordeones, donde ocupó el segundo lugar. Tiempo después grabó, junto a Daniel Celedón —tío de Jorge Celedón, quien años más adelante haría parte del Binomio de Oro de América—, su primer disco. De esta primera etapa junto a Daniel Celedón resalta el éxito ‘Amanecemos parrandeando’.
En 1976 conoció y fundó, junto a Rafael Orozco, el Binomio de Oro… El resto es la historia de la agrupación vallenata más importante del país que, tras la muerte del nacido en Becerril, Rafael Orozco, se transformó en el Binomio de Oro de América. Y aunque el nombre se extendió, al igual que sus intérpretes, el acordeón de Israel Romero siguió marcando la pauta del género con un sentimiento cautivador y melancólico que, durante más de 50 años, ha enamorado y ayudado a aguantar las tusas de toda Colombia. El Binomio de Oro y, posteriormente, el Binomio de Oro de América, se convirtió sin duda en la Universidad del Vallenato.
Desde ese primer disco junto a Orozco, nombrado igual que la agrupación, se veía venir una creciente de éxitos que, con el paso de los años, se convertirían en clásicos. De ese primer álbum hace parte esa canción con la que todos los amantes del vallenato y un alto porcentaje de colombianos gritan: “Clara”, en ‘La creciente’.
Los éxitos convertidos en clásicos no cesaron: ‘Relicario de besos’, en el álbum Los elegidos; ‘Dime pajarito’, en Clase aparte; ‘Sombra perdida’ y ‘Muere una flor’, en De caché, un disco que ya empezaba a exaltar el nuevo estilo hacia el que giraba el vallenato, uno más elegante y estudiado. ‘Solo para ti’, ‘Lleno de ti’, ‘No sé pedir perdón’ y ‘Esa’ fueron algunas de las muchas canciones reconocidas de la agrupación. A esto se suma su presentación en el Madison Square Garden, donde dejaron claro por qué eran una de las agrupaciones más importantes de Colombia, plasmando en la memoria de muchos un popurrí de cumbias tradicionales.
Sin más preámbulo, los dejamos en una entrevista exclusiva para ROLLING STONE en Español de Israel Romero:
¿Cuál diría que es la esencia vallenata?
Tanto la música como la letra tienen el mismo peso dentro de la esencia del vallenato. La música vallenata es demasiado nuestra; el acordeón vallenato es único de nuestra región y la forma en que lo tocamos es muy distinta a la de otros géneros musicales que utilizan este instrumento diatónico. Las letras son, en esencia, sucesos que hemos vivido los vallenatos, historias peculiares, y eso también es una parte vital del vallenato.
Con mi compadre Rafael Orozco modernizamos el género, pero sin perder la esencia, y eso fue algo que cuidamos mucho cada vez que innovamos. Es como en la gastronomía, hay comidas típicas que hoy se preparan de manera gourmet, pero no dejan de ser colombianas. Se puede modernizar todo lo que se quiera, sin quitarle la pureza al folclor.
¿Cómo conoció el acordeón y cómo aprendió a tocarlo?
Mi infancia estuvo llena de música. Mis dos abuelos fueron acordeonistas, mi papá fue acordeonista, mis tíos fueron acordeonistas, mis hermanos y hasta mis vecinos fueron acordeonistas. Yo nací rodeado de acordeones y desde pequeño aprendí a tocarlo. Siempre supe que a esto era a lo que me iba a dedicar.
El primer disco del Binomio de Oro, que lleva el mismo nombre de la agrupación, tuvo su primer gran éxito: ‘La creciente’. ¿Cómo fueron esos primeros trabajos y momentos junto a Rafael Orozco?
Juntarnos y formar el Binomio de Oro fue algo de mucha euforia y alegría. Ambos ya habíamos grabado y tenido uno que otro éxito, así que reunirnos fue una explosión de júbilo y esperanza.
La primera canción que grabamos en el estudio fue precisamente ‘La creciente’. Imagínate que la primera canción ya hubiera sido todo un éxito. Aunque, para serte sincero, desde el inicio supimos que esa canción iba a ser importante para nuestra música.
El Binomio de Oro se caracterizaba por tener un vallenato más melancólico y, al mismo tiempo, más elegante. ¿Por qué decidieron proyectar una imagen más sofisticada de lo que normalmente se veía en las agrupaciones vallenatas?
Desde el primer momento en que nos reunimos mi compadre Rafael y yo, decidimos forjar una institución muy organizada que mostrara una cara positiva del género vallenato en todos los aspectos, especialmente en las presentaciones en vivo.
Una vestimenta elegante y unas coreografías preparadas se mezclaban muy bien con los nuevos instrumentos que introdujimos al vallenato, sumado a las letras que interpretábamos: letras muy poéticas que pudieran permanecer en el tiempo y convertirse en clásicos, como finalmente sucedió.
“Música hay bastante. Creo que lo fundamental para la preservación del vallenato son las letras. También es importante que cada artista encuentre su propio estilo, porque hoy en día muchos se parecen entre sí”.
¿Cuál diría que fue el gran legado de ese primer Binomio de Oro?
Con mi compadre Rafael escogimos muy bien las canciones, sus letras y melodías. Dejamos un mensaje, una estela de positivismo en la gente. Sobre todo, elegimos canciones que no maltrataran al género femenino ni a la sociedad en general; nosotros queríamos dejar alegría en la gente.
Hay dos momentos muy fuertes dentro de su carrera como artista. ¿Cómo fue alejarse de los escenarios durante el cáncer y qué sintió en su regreso?
Fue un momento muy duro, porque uno no se prepara para eso. Yo no sabía lo que era estar enfermo; nunca en mi vida lo había estado. Recuerdo la noche en que me di cuenta de mi enfermedad. “La gente no valora lo que es la salud, uno no cree que le pueda pasar esto”, fue lo que pensé en ese momento.
Fue una época de mucha tristeza y, al mismo tiempo, de mucha reflexión. Hay muchos artistas que han muerto en accidentes siendo muy jóvenes. Recuerdo pensar en eso y creer que yo iba a ser parte de esos artistas que fallecieron a corta edad, aunque en mi caso por la enfermedad.
Tiempo después, cuando me sentí recuperado y pude volver a los escenarios, volví a ver la luz y te aseguro que veía todo más bonito. La primera vez que me presenté nuevamente fue en San Cristóbal, Venezuela, y fue inolvidable. Volví a sentirme fuerte al momento de tocar.
“Dejamos un mensaje, una estela de positivismo en la gente. Sobre todo, elegimos canciones que no maltrataran al género femenino ni a la sociedad en general”.
La muerte de Rafael Orozco fue durísima para toda Colombia. ¿Pensó en dejar la música, ya que Orozco no iba a estar a su lado?
La muerte de Rafael Orozco tuvo muchas aristas para mí. Lo primero que pensé fue en retirarme de la música. Perdí la motivación y sentía que ya había hecho lo que tenía que hacer dentro del folclor vallenato, que nuestro legado había llegado hasta ahí.
La tristeza fue muy profunda, un sentimiento que después se transformó un poco en rabia por tantos comentarios negativos y mentiras que se dijeron alrededor. Eso también me quitó toda motivación para continuar en la música.
Me fui para Venezuela a trabajar como comerciante por un tiempo. Con el pasar de los días, la gente empezó a preguntarme en la calle por qué no volvía a grabar. Me llamaron disqueras, empresarios y compositores, pero definitivamente yo había decidido no regresar.
Un día, en una bomba de gasolina, me encontré con una niña que vendía chicles. Se me acercó y me dijo: “¿Usted quiere hacerse famoso?”. Yo le respondí, molestando, que sí, y ella me contestó: “Hágase pasar por el del Binomio de Oro”. Que una niña me dijera eso me hizo reflexionar sobre el legado del Binomio de Oro y entender que una agrupación tan fructífera no podía desaparecer. Ahí fue cuando regresé.


¿Usted está de acuerdo con la denominación “vallenato chillón”?
Yo no estoy de acuerdo con ningún término que pueda sonar despectivo hacia la música. Todos los géneros tienen música buena y música mala.
El vallenato se ha distinguido por ser una música con expresión y contenido, que además se baila y se dedica; por ejemplo, el reggaetón no está hecho para dar serenatas. Entonces, todos esos ingredientes importantes que posee el vallenato hacen que términos como “vallenato chillón” o “vallenato llorón” terminen siendo acuñados por personas a las que simplemente no les gusta el género, porque en realidad son canciones excelentes con mensajes muy bonitos. No hay manera de taparle la boca a la gente [risas].
La época dorada junto a Jean Carlos Centeno y Jorge Celedón ya consolidó al Binomio de Oro de América. ¿Cómo fueron esos tiempos?
Específicamente ellos dos fueron quienes más grabaron éxitos rotundos. Fue muy bonito trabajar a su lado, pero, como todo, llegó el momento en que partieron. Los muchachos que vinieron después también tenían muchas ganas de hacer las cosas bien y de dejarse enseñar.
Todos los que han pasado por el Binomio de Oro han dejado su huella y han aprendido. Siento que la mayoría, al salir de la agrupación, brillaron con luz propia y terminaron haciendo parte de la Universidad del Vallenato. Duván Bayona, Alejandro Palacios… A todos los que han pasado les agradezco infinitamente y también a Dios por ponerlos en mi camino. Y gracias, además, porque tuve la sabiduría para saber dirigirlos, una sabiduría que viene de la dinastía de mi familia, porque mis hermanos siempre han estado a mi lado y al lado de la agrupación.


Ahora que mencionas la Universidad del Vallenato, ¿qué crees que es lo más valioso que se lleva cada persona que pasa por el Binomio de Oro?
Lo que le transmito a la gran mayoría de los cantantes es el sentimiento que debe estar presente en cada canción, que fue precisamente lo que hizo Rafael Orozco: convertir cada interpretación en algo profundamente sentido y, al mismo tiempo, muy profesional.
A todos les he puesto las canciones de Rafa para que vieran cómo se expresaba, y eso es lo más valioso que se llevan del Binomio de Oro: convertirse en grandes profesionales a nivel interpretativo.

El disco 2.000 está repleto de éxitos: ‘Un osito dormilón’, ‘Olvídala’, ‘No puedo olvidarte’… ¿Por qué decidieron que la portada del álbum fuera de ustedes vestidos como astronautas?
El año 2000 se veía muy lejano, pero a medida que se acercaba, se me metió en la cabeza todo el tema de la tecnología, los viajes espaciales y toda esa vaina. La NASA siempre ha estado a la vanguardia, así que decidí que nos vistiéramos de esa manera y, sin duda, terminó siendo una portada memorable para Colombia.
Dentro de los artistas más escuchados en Spotify siempre van rotando los éxitos del momento, pero el Binomio de Oro de América siempre está presente. ¿A qué cree que se deba que músicas como el reguetón sean tan efímeras y, por ejemplo, sus canciones, pese al paso de los años, sigan siendo de las más escuchadas en nuestro país?
Por eso siempre les he aconsejado a las nuevas generaciones que graben canciones con contenido, con poesía y buenas expresiones, para que no pasen de manera ligera por el público.
La fuerza expresiva que tiene el vallenato ha sido lo que nos ha consagrado en Latinoamérica como uno de los géneros que más ha influenciado a otros estilos musicales. La salsa se surtió del vallenato: grandes intérpretes como Héctor Lavoe, El Gran Combo de Puerto Rico o Ismael Rivera grabaron vallenatos. ‘La verdad’, de Héctor Lavoe, producida por Willie Colón en el disco Comedia, fue un vallenato escrito por Freddy Molina. El Gran Combo de Puerto Rico versionó ‘Nido de amor’ y ‘Matilde Lina’, dos canciones fundamentales del folclor vallenato.
También el merengue dominicano, encabezado por Wilfrido Vargas, quien incluso cantó vallenatos con nosotros. En México y Argentina ni se diga, llevan muchos años versionando vallenatos. Incluso la bachata, en un altísimo porcentaje, se nutrió del vallenato.
¿Cómo pudimos influenciar a todos esos géneros? Por las letras y las expresiones, tanto así que hasta Julio Iglesias grabó ‘La gota fría’. Cada canción es una radiografía de nuestra idiosincrasia.
“El vallenato se ha distinguido por ser una música con expresión y contenido, que además se baila y se dedica; por ejemplo, el reggaetón no está hecho para dar serenatas”.
Hace no mucho murieron Omar Geles y Egidio Cuadrado… Los grandes maestros del vallenato ya están partiendo. ¿Cómo ve el futuro del vallenato?
Yo diría que los muchachos que están haciendo vallenato y que viven en Valledupar, quienes vienen proponiendo algo muy alegre, pueden hacer que el vallenato siga vivo por muchos años más, siempre y cuando escuchen los consejos de quienes fuimos sus antecesores.
Música hay bastante. Creo que lo fundamental para la preservación del vallenato son las letras. También es importante que cada artista encuentre su propio estilo, porque hoy en día muchos se parecen entre sí. El vallenato tiene una gran proyección; artistas como Los Gigantes del Vallenato o Hebert Vargas siguen vigentes y, con el tiempo, serán aún más grandes.
Para terminar, ¿cuál es el gran legado de Israel Romero y cuáles son sus canciones favoritas del Binomio de Oro y del Binomio de Oro de América?
El gran legado es todo lo que hemos hablado ahorita: la organización, la internacionalización del vallenato, toda la gama de éxitos que dejamos y esa estela de disciplina en los músicos. Mis canciones favoritas son las mismas de todos [risas]: ‘Dime pajarito’, ‘Olvídala’, ‘Relicario de besos’, ‘La creciente’, ‘Si tu amor no vuelve’ y ‘Un osito dormilón’.
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