Con más de 15 años de carrera, Laura Tobón aprendió a moverse dentro de una industria que exige precisión, imagen y control. A decir lo correcto, en el momento correcto, bajo estructuras que no siempre dejan espacio para la duda o la espontaneidad. Durante ese tiempo, su trabajo pasó por algunos de los escenarios más visibles de la televisión colombiana, donde la exposición nunca se detiene, y la libertad se reduce. Pero lo que empezó como una trayectoria dentro de ese sistema, terminó convirtiéndose en una búsqueda constante de nuevos retos y formatos. Entre sets de televisión, rutinas marcadas por el teleprompter, decisiones postergadas y una necesidad cada vez más clara de hacer algo propio, su recorrido empezó a girar hacia un lugar menos predecible, en el que la conversación pesa más que el guion y la autenticidad deja de ser un discurso aspiracional para convertirse en método de trabajo.
Hoy, como una de las creadoras de contenido más importantes de Latinoamérica, Laura Tobón sabe que ninguna cifra sostiene por sí sola una trayectoria. En Cuixmala, México, durante su encuentro con ROLLING STONE en Español, reflexiona sobre carrera y vida personal desde una certeza más valiosa: la autenticidad.
El camino no empezó en la televisión, sino mucho antes, en una versión de sí misma que evitaba el centro de atención. “En el colegio yo era demasiado introvertida, muy tímida. Me daba pena hablar en público. Cada vez que tenía una exposición me temblaban las piernas, la voz… hacía el oso siempre”, recuerda. Ese temor no desapareció de un día para otro, pero sí empezó a transformarse cuando la exposición dejó de ser una amenaza y se volvió práctica.
El cambio llegó casi sin aviso. A los 17 años, alguien la detuvo en la calle y le propuso hacer un comercial. “Yo dije que sí, sin pensar mucho, y ahí empecé”, cuenta. La exposición dejó de ser un evento aislado y se volvió rutina: cámaras, equipos, gente mirando. “Más que hablar en público, era el miedo a sentir la mirada de las personas encima mío”. La repetición hizo su parte. Cada grabación empujaba ese límite un poco más. “Tan pronto empecé a permitir que otras personas me miraran, fue ahí cuando empecé a perder el miedo”. Al graduarse, la decisión ya estaba tomada. “Me gustaba tanto, pero a la vez era tan aterrador, que dije: ‘Voy a estudiarlo, y me voy a volver la mejor’”.
Antes de consolidarse en televisión, su interés apuntaba hacia el periodismo. “Me gustaba mucho la radio”, dice, recordando un espacio donde la voz tenía un peso distinto. Ese interés se reconfiguró con el descubrimiento del entretenimiento como lenguaje. Programas como Fashion Police y el universo de E! Entertainment Television le mostraron otra manera de narrar lo cultural, más ligera en tono y amplia en alcance. En paralelo, referentes locales como Andrea Serna, Adriana Arboleda y Claudia Bahamón, ampliaban la idea de lo que significaba ocupar la pantalla con criterio y presencia. “Yo decía, ‘Además de lindas, son inteligentes, son fuertes, son líderes’; yo quería ser así”.
“No soy la mejor presentadora del país. Hay mujeres muy talentosas”, recalca. “Lo que estoy haciendo es ser yo misma. Por eso el show lleva mi nombre”.
Con ese cruce de referencias, Tobón definió una aspiración que desde el inicio tuvo escala internacional. “Siempre lo soñé más internacional”, resalta. Ese impulso encontró una primera forma concreta en 2011, cuando participó en el concurso Chica E! Colombia. El video que presentó, grabado en Cartagena con recursos mínimos, funcionó desde la intuición. “Lo hice pensando, ‘Seguro no me van a llamar, pero vamos a hacerlo como pueda’”. Se metió en discotecas, restaurantes y playas, armando una pieza espontánea que terminó conectando con el jurado. Quedar entre las finalistas abrió una puerta importante en un momento en el que ese formato tenía peso real dentro de la industria.
Más allá del resultado, hubo una idea que se instaló como eje. Durante ese proceso, Isabella Santo Domingo le dijo algo que se quedó: “Lo más importante es tener tu propio sello, ser tú misma”. La frase parecía obvia, pero sostenerla dentro de un sistema que estandariza el tono, la imagen y la forma de comunicar, implicaba otra cosa. Su paso por los grandes canales le dio estructura, experiencia y visibilidad, pero también le mostró el costo de esa precisión. “Te dicen, ‘Léelo al pie de la letra’, y ahí uno pierde la identidad en un dos por tres”, advierte.
Esa distancia se hizo visible en la respuesta del público. “Me veían lejana. Yo era demasiado presentadora”, reconoce. La ejecución funcionaba, la conexión quedaba corta. Durante años, ese fue el equilibrio: cumplir con el formato sin sentirse completamente dentro de él.

En medio de ese recorrido apareció un formato que empezó a abrir otra posibilidad. Su paso por Discovery Home & Health, con el programa Dile sí al vestido, la puso en un lugar distinto frente a cámara. Laura dejó de limitarse a presentar y empezó a conectarse emocionalmente con las historias que tenía al frente. “Era muy especial porque en ese momento yo también me iba a casar, entonces estaba viviendo lo mismo que ellas. Lloraba con las novias, con las familias… me involucraba mucho”, recuerda entre risas.
La experiencia marcó un cambio en la forma en la que entendía su trabajo. “Ahí entendí que a mí me gustan los reality shows, donde puedo ser yo misma, sin encasillarme”, confiesa. Esa intuición (la de encontrar formatos donde la experiencia pesa más que el guion) empezó a abrir camino en medio de proyectos, agendas llenas y decisiones aplazadas, hasta volverse imposible de ignorar: “Un día dije: ya, me cansé de no hacerlo. Voy a hacer mi propia cosa. Algo que me apasione y me represente de verdad”.
“Gracias a Dios soy colombiana.”
La Tobón Show nació como un piloto de seis episodios, y se convirtió en una operación completa. “Somos como 50 personas cada vez que grabamos. Es una locura, pero yo dije, ‘No voy a hacer nada a medias’”. La apuesta fue construir un estándar alto desde el inicio, sin diferenciar entre lo digital y lo televisivo. “Quería hacerlo como si estuviéramos en Estados Unidos, como si fuera un programa internacional”. Producción, investigación, invitados, logística. Un engranaje que sostiene cada episodio y que redefine su rol para dejar de ejecutar y pasar a diseñar.
El formato cambia la entrevista desde su punto de partida. El teleprompter desaparece. El guion se vuelve flexible. El trabajo previo sostiene lo que ocurre en cámara. “Tengo un equipo que investiga, que se mete a fondo para encontrar información distinta”. La diferencia aparece en el momento en que la conversación toma su propio rumbo. “A mí me interesa que se sienta real. Que no sea la misma entrevista de siempre”. La apuesta se aleja de la primicia y se acerca a la conexión. En un ecosistema donde muchas respuestas están ensayadas, ese margen de apertura se vuelve diferencial.
Trabajar así implica aceptar la incertidumbre como parte del proceso. “A uno le da miedo salir de la zona de confort… ¿qué tal que no me salga?”. La duda acompaña incluso cuando los resultados empiezan a escalar. Invitadas como Anne Hathaway o Meryl Streep forman parte de ese recorrido. En una de esas conversaciones, Hathaway le habló de algo que también atraviesa su experiencia. “Muchas veces no creemos que algo tan grande nos vaya a suceder, hasta que pasa”. La inseguridad aparece como un lenguaje compartido.

Ese punto conecta con una declaración que redefine su lugar dentro de la industria. “No soy la mejor presentadora del país. Hay mujeres muy talentosas”, recalca. “Lo que estoy haciendo es ser yo misma. Por eso el show lleva mi nombre”. La autenticidad pasa de discurso a método. “Puedes manifestar mucho, pero si no haces las cosas, nada va a pasar”. Todo se define en la ejecución. Disciplina, equipo y autoconfianza sostienen lo demás.
Esa lógica atraviesa sus otras facetas. Sea Salt, su marca de vestidos de baño, nace desde la necesidad de construir algo propio. “Yo trabajaba con muchas marcas, pero sentía que necesitaba la mía”. El crecimiento trajo expansión y ajustes. “Es como un restaurante: si se te llena, te quedas sin meseros, sin platos”. Producción, equipo, logística. Hoy, la marca emplea a cerca de 20 personas. “Lo más bonito es generar empleo”, señala, ubicando el impacto en un plano que trasciende las cifras.
“No me comparo, me inspiro”
Esa búsqueda por entenderse y sostener una voz propia aparece mucho antes de sus proyectos actuales. En el libro La magia está dentro de ti (2016), Laura Tobón ya exploraba las tensiones entre inseguridad, intuición y disciplina, en un momento donde su carrera todavía estaba profundamente ligada a la televisión. El texto funciona como un primer intento por organizar ese proceso interno, por darle forma a una inquietud que todavía no encontraba salida en su trabajo diario. “Puedes manifestar mucho, pero si no haces las cosas, nada va a pasar”, comenta Tobón, retomando una idea que sigue atravesando su forma de operar. Más allá del lenguaje de autoexploración, lo que plantea es una lógica de acción: confiar en el instinto, ejecutar, sostener. Ese principio, que en ese momento se formulaba desde lo personal, hoy se traduce en decisiones concretas.
Esa misma lógica toma forma más adelante en MTZ Agency, una extensión directa de su recorrido dentro de la industria. La agencia, que construyó junto a su familia, funciona como un espacio donde su experiencia se convierte en estructura para otros. “A mí me llegan muchas marcas y no puedo aceptar todo, entonces las voy distribuyendo entre las niñas con las que trabajo”, explica. El enfoque va más allá de la intermediación: se trata de acompañar procesos, de formar perfiles que entiendan el valor de su voz y el peso de lo que comunican. En un entorno donde la visibilidad puede ser inmediata pero frágil, MTZ introduce una lógica de sostenibilidad. Ordena, filtra y proyecta. Conecta talento con marcas, y construye trayectorias dentro de un sistema que rara vez ofrece este tipo de guía.

A ese mapa de proyectos se suma Verified, una iniciativa que introduce un contrapunto dentro del mismo ecosistema que alimenta su crecimiento. Mientras La Tobón Show apuesta por la cercanía, la espontaneidad y la conexión emocional, Verified se construye desde el criterio. “Hoy hay mucha gente que desinforma o no usa sus redes de manera responsable. Tener seguidores no significa ser confiable”, analiza, y señala una de las grietas más evidentes del entorno digital. La visibilidad puede fabricarse con base en likes, comentarios, follows, pero la credibilidad se ha vuelto más difusa y, al mismo tiempo, más necesaria.
El proyecto parte de una premisa concreta: la influencia implica responsabilidad. Verified funciona como un sistema de validación para creadores y profesionales que comunican desde el conocimiento, más allá de la exposición. “Si alguien está dando consejos, por ejemplo de alimentación, sin tener idea, puede hacerle daño a muchas personas”, explica. La iniciativa introduce un filtro en un espacio que rara vez lo tiene, marcando una diferencia entre alcance y preparación. En lugar de limitar la creación, propone orientar la atención y ofrecer herramientas para que la audiencia pueda distinguir a quién escuchar.
“Yo necesito la adrenalina del en vivo”.
Ese contraste termina definiendo mejor su lugar dentro de la industria. Por un lado, construye un formato donde la autenticidad es el motor; por otro, impulsa un sistema que exige responsabilidad en esa misma autenticidad. La visibilidad adquiere peso cuando se sostiene en criterio. Esa postura introduce una pregunta incómoda: ¿quién debería estar hablando y bajo qué criterios? En esa tensión entre libertad y rigor es donde la bogotana empieza a moverse con mayor claridad.
Ese posicionamiento dialoga con un momento cultural más amplio. Marcas como Chanel, Dolce & Gabbana y Tiffany & Co. han intensificado su mirada hacia Latinoamérica. “Hoy en día, los latinos estamos de moda, y hay un interés real por entender nuestra cultura”, comparte. La audiencia se mueve entre territorios y conecta distintos mercados. “Hay colombianos en Europa, en Estados Unidos… es una comunidad enorme”. Su origen se integra a ese alcance. “Gracias a Dios soy colombiana”, afirma.

La actuación suma otra capa a su recorrido. Participó en la serie Primate (2022), una experiencia que amplió su relación con la cámara. “Yo toda la vida quise actuar… me lo gocé”, manifiesta. El rodaje le mostró otra velocidad. “Es una carrera de esperar. Horas para grabar dos o tres párrafos”. Ese ritmo contrasta con la inmediatez que busca. “Yo necesito la adrenalina del en vivo”. La actuación queda como un territorio posible dentro de un mapa que sigue expandiéndose.
A pesar de esa expansión, hay una constante que atraviesa todo su proceso. “Todo el tiempo estoy pensando en qué mejorar”, sostiene. El show cambia, el set se ajusta, las ideas se reformulan. “Nunca sientes que ya está listo”. La exigencia se convierte en motor. “No me comparo, me inspiro”, añade, marcando una diferencia clave en un entorno donde la comparación es permanente. Referentes como Ellen DeGeneres o Alex Cooper funcionan como guía, no como estándar.
“Hoy en día, los latinos estamos de moda, y hay un interés real por entender nuestra cultura”.
En medio de ese ritmo, la maternidad reorganiza su tiempo y amplía su capacidad de sostener múltiples frentes. “Luca me ha enseñado que todo se puede hacer al mismo tiempo”, dice. Trabajo, proyectos, viajes, familia. Todo convive dentro de una agenda que exige organización y límites claros. El descanso se vuelve una decisión. “Un domingo no contesto el celular. Se puede estar cayendo el mundo y no respondo”. Ese espacio sostiene el resto.
Al final, la forma en la que se define integra todas sus capas. Periodista de formación, presentadora por oficio, empresaria por decisión y actriz por exploración, Tobón se posiciona como una creadora de contenido en el sentido más amplio del término. “Siempre me he considerado una mujer soñadora”, expresa. Su recorrido avanza a partir de reinicios que la mueven entre formatos, industrias y lenguajes. En un entorno donde la visibilidad suele ser el principal objetivo, su apuesta se enfoca en otra dirección: construir desde la autenticidad, y enfrentar, con todas sus implicaciones, el riesgo de hacerlo.
Historia: Valentina Sánchez R / @valentinasanram
Fotografía: Nirvana Nungaray / @nirvananh
Producción ejecutiva: Diego Ortiz / @xciegox
Producción de campo: Bibiana Quintana / @bibianaquintana
Estilista principal: Ana Carolina Gonzalez Bortot / @008anadmoda800
Estilista en el set: Lucine Ayanian / @lucine_a
Asistentes de estilismo: Masha Mir / @mashamir__ & Grace / @grace.w.w
Peinado y maquillaje: Linda Belkahla Soleta / @linda.belkahla / @stylecouncilagency
Asistente de producción: Ana Carolina Gonzalez Bortot / @esynstudios
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