Una tarde de mayo pasado, Dominic Harrison, alias Yungblud, se encontró cara a cara con el cantante y el guitarrista de Aerosmith, Steven Tyler y Joe Perry. Perry ya lo conocía un poco. Tyler recién se enteraba de quién era.
A la distancia, Harrison sentía una conexión con Tyler desde hacía mucho tiempo. No solo por los posters de Aerosmith en las paredes del negocio de instrumentos musicales de su abuelo y su padre en Doncaster, Inglaterra. No solo por la música de Aerosmith que había absorbido junto con mucho más rock clásico desde la infancia. También había algo más fundamental. “Creo que siempre amé a Steven porque mucha gente, desde que era chico, decía que me parecía a él”, dice Harrison. “Bueno, creo que si tenés esa boca…”.
El joven Harrison aceptaba con gusto la referencia. “Había una imagen muy famosa de él en moto, y tenía esta boca y se le veían el tatuaje, y tenía unos jeans acampanados y una camiseta corta… Básicamente, el rockstar total, ¿no? Si te dicen a los nueve años que te parecés a una estrella de rock, lo vas a llevar como una insignia de honor”.
Cuando Harrison voló a Los Ángeles para reunirse con Tyler y Perry, unas semanas antes de cumplir 28 años, no tenía mucha idea de qué esperar. Incluso si resultaba que podrían trabajar juntos en algún proyecto musical, no le quedaba claro en absoluto cuál sería su papel o qué podrían buscar. “¿Iba a entrar como compositor? ¿Como productor? ¿Como colaborador? ¿Como qué?”, meditaba.
Cualquier incertidumbre se potenciaba por el hecho de que Tyler apenas comenzaba a salir de un período de hibernación forzada y no estaba claro en absoluto qué quería hacer, qué estaría dispuesto a hacer o incluso qué podría hacer. Antes del encuentro, Harrison había arreglado, con la bendición de Joe Perry, que su productor Matt Schwartz esperara en un estudio cercano (propiedad de Johnny Depp, amigo de Perry y ocasional compañero en la banda Hollywood Vampires), pero no había certeza de que fuera necesario. Todo dependía de lo que pudiera suceder.
“Porque en una primera cita”, razona Harrison, “conectás o te odiás. ¿Entendés lo que digo? Steven me va a amar o me va a odiar. Y voy a amar a Steven o no me va a gustar. Dos malditos cantantes. O hacés esto [Harrison imita, con las manos, dos fuerzas opuestas] o se quieren mucho. Obviamente entré, nervioso, pensando: ‘Espero que el maldito Steven Tyler me quiera porque es uno de mis ídolos’. Pero nunca se sabe”. Harrison luego describe ese primer momento en que se conocieron: “Recuerdo que subí las escaleras pasando por una cocina y Joe estaba ahí y Steven estaba en el piano. Me mira y yo lo miro y digo: ‘¿Todo bien?’. Y él imita mi acento y dice: ‘¿Todo bien?’. Y fue como: ‘Vamos a ser amigos. No sé si vamos a poder escribir juntos una canción, pero vamos a ser malditos amigos’”.
“Fue una locura conocer a Dom”, dice Tyler. ”Me enamoré a primera vista. Lo único en lo que podía pensar era… ¿me animo a decir algo que se ha usado hasta el hartazgo? Era como un hermano de otra madre. Era como mirarme en el espejo. Como: ‘Esperá, ¿dónde tengo visto antes a este maldito tipo?’”.
Apenas veinte minutos después, estaban en el estudio. Fue el 9 de septiembre de 2023, a tres fechas del final de la gira de despedida Peace Out, durante un show en una arena en Elmont, Nueva York. Todos los planes de Aerosmith se vinieron abajo.
“Teníamos un escenario jodidamente hermoso”, recuerda Tyler. “Era tan grande, estaba ubicado hacia el medio del estadio, justo debajo del tablero. Fui a la parte trasera del escenario, detrás de la batería. Había una rampa donde había bastante gente, y yo estaba saludando a un montón de chicas. Le di una palmada a una con la mano izquierda y mi mano derecha se resbaló de la baranda y me caí. Me golpeé el cuello contra la baranda. Sentí el golpe, pero no me molestó en ese momento. No sentí lo que realmente me había hecho hasta la mañana siguiente. Me desperté y no podía tragar. Me asusté muchísimo”.
“No sabíamos si Steven iba a poder hablar durante tres meses, hasta que se redujera la hinchazón”, recuerda Perry, “y luego si iba a volver a cantar. Así que estuvimos en el limbo durante mucho tiempo respecto de lo que podríamos hacer”.
Las fechas restantes de los conciertos de Aerosmith fueron pospuestas, luego canceladas, y eventualmente se hizo un anuncio de que, dado que “no sería posible la recuperación completa de su lesión vocal”, la banda había tomado la “decisión desgarradora y difícil, pero necesaria” de retirarse de los escenarios.
“Aerosmith ha sido nuestra vida por cincuenta años”, dice Perry. “Fue traumático para todos, pero obviamente, más para él. Le encanta tocar. Lo ha hecho desde que tenía seis años. Y que le quiten eso… para nosotros fue algo que nos cambió la vida”.
Desde entonces, poco se supo de Steven Tyler, más allá de un par de apariciones en público. No importa. Una vez en el estudio de Los Ángeles, en cuanto Harrison le mostró un fragmento de una canción a la que le venía dando vueltas –“Tengo un montón de problemas, pero no me importa si estoy con vos”–, Tyler inmediatamente se sumó.
“Simplemente armonizó a su manera extraña”, dice Harrison. “Instantáneamente, de la forma más increíble del mundo”.
Y se pusieron en marcha.
“Creo que lo que lo impresionó”, dice Harrison, “fue lo parecidas que son nuestras voces y nuestros registros. Al llegar a esas notas, simplemente decía: ‘No he conocido a un cantante que cante como yo’”.
“La camaradería fue increíble”, coincide Tyler. “Lo miré y pensé: ‘Joder, este chico soy yo’. Quiero decir, odio, pero amo decir eso porque sé lo que va a ser. Sé adónde va. Sé a dónde se dirige”.
“Creo que trabajar con Dom lo empujó un poco”, dice Perry. “Haciendo los duetos donde realmente estaban uno al lado del otro, cantando al micrófono, podía ver que se estaba inspirando”.
“Steven y yo simplemente somos del mismo maldito planeta”, dice Harrison. “Estamos locos, estamos llenos de energía. Somos extremadamente caóticos, pero extremadamente nosotros mismos. Y lo logramos al instante. Se da una hermosa y amistosa competencia entre nosotros en el estudio. Creo que él había estado preocupado por su voz, y entonces yo voy para adelante [Harrison canta un pasaje agudamente alto], y él trata de hacerlo también, y se olvida de que eso es un jodido do sostenido, muy arriba. Y está llegando a esas notas de nuevo sin pensarlo, después de su lesión, y yo estoy alcanzando las notas, porque estoy como, ‘Joder, este es Steven Tyler’”.
“Empezó a clavar unas cosas”, coincide Perry, refiriéndose a Tyler, “que no pensé que volvería a escuchar”.
Esa misma tarde, la primera canción, “Problems”, estaba casi terminada. “Y todos estaban como ‘¡Santo cielo, ¿a qué hora venimos para mañana?’”, dice Harrison. Mientras Schwartz trabajaba en juntar todas las piezas, Harrison tocó un nuevo riff y Tyler tocó algunos acordes en el piano que Harrison grabó en su iPhone. Eso se convertiría en la canción del día siguiente, “My Only Angel”. Al final del segundo día, ocurrió algo similar: Harrison y Tyler agarraron las guitarras, se cantaron algunas palabras tristes –“Te he estado lastimando durante mucho tiempo”– y ya habían comenzado lo que sería la canción del tercer día, “1.000 Days”.
“Fue mágico”, dice Harrison. “Había algo joven y algo viejo, y un choque. Había energía y había sabiduría, y había un choque. Atractivo sexual de entonces y atractivo sexual ahora, en colisión. Una absoluta explosión de caos, energía y maldita sensatez”.
“Ya la experiencia de escribir canciones fue muy divertida”, dice Tyler. “Es ambicioso hasta el punto de ser hermoso, me atrevo a decir. Escribe canciones como yo, desde una locura experiencial”.
“Steven es un perro; yo soy un perro, ¿sabés a qué me refiero?”, dice Harrison. “Y Steven y yo instantáneamente quisimos jugar. Estábamos como ‘¡Vamos a por ello!’. Creo que obviamente me inspiré en mis héroes. Y creo que a ellos los inspiró mi valentía joven y completamente ingenua”.
En cuanto a Perry, “Joe es un gato”, explica Harrison, y procede a describir cómo el gato elige su momento para intervenir y guiar el camino de los perros: “Steven y yo, los soñadores, estamos componiendo un himno lindo y elevado, y Perry simplemente dice: ‘¡Bang!’. Y simplemente lo vuelve guarro, desordenado, rockero. Joe Perry lanza una granada y todos terminamos marcados, pero es increíblemente genial. Él le pone el ritmo al rock”.
Harrison siguió extendiendo su estadía en California y al final trabajaron juntos durante una semana, terminando esas tres canciones. Pero aún no se había hablado sobre lo que estaban haciendo. Harrison se preguntó si esto podría ser un disco de los Toxic Twins (como se llaman a sí mismos Tyler y Perry). O parte de un nuevo disco de Aerosmith en el que, a su debido tiempo, Tyler reemplazaría todas las partes de Harrison.
En su último día de trabajo, encontró la respuesta. “Sólo recuerdo que estábamos ahí, al lado de la pileta. Y Perry no habla mucho. Él simplemente dice, como: ‘¿Entonces vamos a hacerlo o qué?’. Yo le digo: ‘¿Qué querés decir con que vamos a hacerlo?’. Y él dice: ‘¿Aerosmith y Yungblud, lo vamos a hacer o no?’. Yo estaba como: ‘¿Me estás jodiendo, en serio? ¿Vamos a hacerlo? ¡Claro que sí! Me encantaría. Sería una locura. Qué sueño’”.
La conexión inicial entre los equipos de Aerosmith y Yungblud se había concretado en realidad el año anterior. Gavin Rudolph, hijo del manager de Aerosmith Larry Rudolph, conocía a Harrison y a su manager Tommas Arnby, y de la afinidad de Harrison por Aerosmith, y empezó las gestiones. Perry posteriormente recuerda que se sugirió que “sería genial si los chicos de Aerosmith pudieran colaborar con Yungblud”. Pronto, sus equipos estaban discutiendo posibles formas de colaborar. Como resultado, en julio de 2024, mientras Tyler continuaba recuperándose, Harrison fue a la casa de Perry en Sarasota, Florida, donde comenzaron a conocerse y trabajaron en algunas canciones aún no publicadas.
“Tenía la visión de reunir a múltiples generaciones de rock”, recuerda Harrison. Y también tenía otras motivaciones un poco menos grandiosas: “Para mí, era como ‘Si puedo conocer a Joe Perry, podré escuchar historias sobre cómo era tocar en esa época. ¿Cómo era el Madison Square Garden en 1972? ¿Cómo se veía Jimmy Page con el cabello castaño?’”.
Perry dice que quedó impresionado por lo que vio en Harrison y más tarde le dijo a Tyler: “Hemos visto a tantos ir y venir, pero este tipo definitivamente lo tiene”. Fue esa primera reunión en Sarasota la que eventualmente llevó a la colaboración en Los Ángeles.
Pero, incluso después de Los Ángeles, faltaba algo más. Una cuarta canción para lo que se convertiría en el EP de cinco pistas Aerosmith / Yungblud One More Time, “Wild Woman”, se trabajó a través de FaceTime mientras Harrison estaba en Santorini. Luego, en agosto, los tres se reunieron de nuevo en Florida, terminando lo que tenían y grabando una quinta canción, en parte remix, en parte nueva interpretación de “Back in the Saddle”, el viejo clásico de Aerosmith que a Harrison le gustaba tocar antes de sus shows en vivo. Incluso después de eso, hubo una sesión final de regreso en Los Ángeles para grabar algunas versiones acústicas alternativas, durante la cual, de manera improbable, Steve Martin fue inducido a añadir una parte de banjo, grabada en su iPhone, a “My Only Angel”. En septiembre, actuaron juntos en el escenario por primera vez en los VMA en Nueva York, Harrison y Tyler haciendo un dúo en “Mama, I’m Coming Home”, con Perry a su lado, como la canción final en el tributo de Yungblud a Ozzy Osbourne.
Lo que los tres parecen valorar es que todo esto se haya unido sin ningún plan maestro general ni un gran sentido de la especulación.
“Fue tan orgánico y tan natural”, dice Perry. “Una cosa llevó a la otra”.
“Creo que cualquier música”, argumenta Harrison, “especialmente algo que sea una explosión de mundos que sonará como si no hubiera sido ensamblado en una sala de edición, necesita ser un maldito accidente”.
Y en cuanto a dónde irán las cosas a partir de ahora, eso también sigue abierto. “¿Quién sabe, amigo?”, dice Harrison, quien alude al menos otra canción que apareció de la nada cuando se encontraron por última vez. “Esto podría convertirse en un álbum en los próximos seis meses. Si seguimos reuniéndonos, simplemente lo sumaremos”.
Por parte de Aerosmith, hay una sensación de que, ya sea que implique o no a su nuevo amigo, pueden ver la posibilidad de que puertas que parecían cerradas comiencen a reabrirse.
“Puede que pueda cantar una o dos horas”, me dice Tyler al principio. “Pero no estoy seguro de si podría hacer un show completo ahora mismo”. Pero luego empieza a hablar sobre el Dr. Steven Zeitels, el renombrado especialista de Boston con el que está trabajando, “el mejor laringólogo del mundo”. Entonces, pregunto: ¿ahora espera poder volver a hacer conciertos completos y giras?
“Sí, absolutamente”, dice. “Lo tengo en la sangre. Y, quiero decir, joder, cada vez que subo al escenario, es como si todavía estuviéramos de gira. Sabés, no hay un narcótico más fuerte para mí que el rock ‘n’ roll. Y, creeme, los probé todos”.
Perry alude a una ambición similar, aunque de una manera más moderada. “Yo apostaría a que habrá otro concierto de Aerosmith”, dice. “Sé que tenemos que tocar otro show. Lo siento en mi corazón. En este punto, sería genial salir y hacer al menos un concierto más. Nos lo debemos a nosotros mismos. Se lo debemos a los fans”.

Y tal vez haya una versión de este futuro que podría incluir a su último colaborador, porque así es como todo parece desde la perspectiva de Harrison: “Creo que está tan en el aire como cuando estábamos escribiendo la música. Ha sido tan libre y tan real y tan caótico y tan mental y tan loco. Vamos a hacer una gira mundial o no vamos a hacer nada. Pero lo haremos con la verdad y veremos cómo va, y diremos: ‘Que le den’, sea lo que sea que hagamos. Saldrá y será un momento, será una tapa de revista, será un EP y será historia. O se convertirá en dos noches en el Albert Hall y una noche en el Fenway Park de Boston. Y no sé si eso va a suceder. Todos lo venimos hablando, pero ya veremos”.
Deja esta declaración final: “Es todo lo jodidamente real que puede ser. Y es todo lo jodidamente ‘qué sé yo’ que puede ser. Lo cual es rock ‘n’ roll en su forma más pura y excitante. ‘¿Van a subirse a un escenario esta noche?’. ¡Quién mierda sabe! Pero cuando lo hagan, va a ser jodidamente real”.
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