Veinte o treinta años atrás, según las distintas estimaciones, la Patagonia era el refugio más buscado para paliar el calor del verano. En los últimos tiempos, sin embargo, esta época del año en algunas zonas del sur argentino es sinónimo de fuego, humo sobre los bosques, evacuaciones, brigadistas desbordados, casas incendiadas. Un infierno patagónico que las autoridades de turno y los políticos en general se empecinan en no atender debidamente o incluso negar, sin hacer caso a los especialistas que piden una y otra vez políticas de prevención, ni a los habitantes de la región que necesitan ayuda económica para recuperar parte de lo que perdieron en el fuego.
Este verano no fue la excepción. Desde los primeros días de enero y hasta las últimas horas, se iniciaron distintos focos en zonas cordilleranas de Chubut y Río Negro (centro y sur), en parte ayudados por la sequía, las altas temperaturas y los vientos intensos que acarrea el cambio climático, pero también con hipótesis cada vez más comprobadas de un origen intencional en algunos casos.

La superficie de bosques afectados por incendios forestales en la Patagonia se cuadruplicó en los últimos años: de 7.747 hectáreas comprometidas entre octubre de 2023 y marzo de 2024, se pasó a 31.722 entre octubre y marzo de 2025. El inicio de 2026 continúa la tendencia en aumento y, según especialistas, podría multiplicarse por seis hacia fines del siglo XXI.
Según informa hoy el sitio Infobae, investigadores del Conicet en la zona afirmaron que “ayer y hoy, las condiciones son extremas. Hay muchísimos puntos calientes y se activó uno de esos focos quemando todo el interior del valle del Planicie Grande, el último de los valles con bosques nativos -grandes coihues y cipreses- que se habían salvado del incendio de 1987”.

La Asociación Argentina de Medicina Respiratoria ya advirtió por las consecuencias ocasionadas por el humo con partículas y sustancias contaminantes de riesgo para la salud humana y animal, y pidió entonces extremar los cuidados, particularmente en los menores de cinco años, las embarazadas, los mayores de 65 años y la población en general con problemas respiratorios y cardíacos.

Las imágenes de Epuyén, Puerto Patriada o El Hoyo, algunos de los sitios más afectados por los incendios de esta temporada, son desoladoras, aunque muestran solo parte de sus dramáticas consecuencias.

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