En años recientes, en el contexto de cierto auge de los libros sobre rock argentino, se registró una especie de subfenómeno: el de los libros en torno del punk, una tendencia que derivó hace ya más de diez ediciones en la Feria del Libro Punk, con su considerable convocatoria de público. Por supuesto, dentro de esa temática, Los Violadores han sido un tópico de análisis reiterado. Ahí están las dos versiones de la biografía de Esteban Cavanna, Uno, dos, ultraviolento y El nacimiento del punk en Argentina y la historia de Los Violadores; el libro a cuatro manos de Pil Chalar (voz de Los Viola) y Juan Carlos Kreimer, Más allá del bien y del punk; la autobiografía del baterista Sergio Gramática, Lo hice porque me lo prometí; y los capítulos dedicados a la banda en la antología Derrumbando la Casa Rosada, de autores varios.
El último ingreso a la Biblioteca Universal de Los Violadores es Represión. El punk antes del punk. Y es un libro bastante particular porque surgió de un proyecto en el que el periodista Juan Ignacio Provéndola trabajaba con Pil, cuando, el 13 de agosto de 2021, el músico de Los Violadores y Pilsen falleció repentinamente en Lima, Perú (donde residía con su familia, aunque tenía planes de regresar a Buenos Aires).
Cuatro años después, esa obra ve la luz y nos confirma la importancia especial que para Pil tenía el primer período de la banda pionera del punk sudamericano y, más aún, la grabación de su disco debut. La carrera de Los Violadores se extendió bastante más, pero Pil prefirió enfocarse exclusivamente en “el camino” hacia ese álbum inmediato, con canciones como “Represión” y “Viejos patéticos”, registradas nada menos que en los últimos meses de la dictadura militar y en plena Guerra de Malvinas.
Muchos de los hechos relatados en Represión los conocemos por la bibliografía ya mencionada, como el primer encuentro entre Gramática y Hari B (guitarrista fundador), el famoso y caótico concierto en la Universidad de Belgrano y las noches en el restaurante Le Chevalet. Sin embargo, la participación del propio Pil en la redacción y en las entrevistas le dan un hándicap extra a esta reconstrucción histórica.

Personajes como Hari B y el manager Mundy Epifanio parecen explayarse de manera más abierta (y divertida) en estas circunstancias. Pero el aporte más valioso del libro es que contiene algunas de las últimas reflexiones de Pil, un músico particularmente observador, informado, honesto e incluso autocrítico, algo bastante raro en el rock nacional. “Que cada cual me recuerde como prefiera: yo responderé por todos los que fui”, dice hacia el final de este testimonio.
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