10 postales de la última jornada del Lollapalooza, de la sorpresa de Paco y Catriel a las caderas de Doechii

1. Un asado con los Viagra Boys. Antes de llegar al predio, la banda de Estocolmo se comió un asado con Dillom y su crew. De hecho, unos minutos antes de salir al escenario, el rapero argentino estaba camuflado entre el público. Pasamontañas de lana negra y gafas, sin remera y un gesto de silencio a Rolling Stone para no romper con el anonimato. Y sobre el cierre de su set, el cantante Sebastian Murphy estaba tan a gusto que se lo contó al público: “Hoy nos juntamos con unos amigos a comer un asado”. Quizás por eso, la banda de postpunk haya brindado el show más encendido del tercer día del festival. Justeza, profundidad, sarcasmo y descontrol. Todo bajo un sonido ultra oscuro y roto. Luca Prodan saludó desde el cielo, sobre todo cuando sonó el saxo de Oskar Carls.   

2. El último domingo del verano. A diferencia del viernes y el sábado, el domingo el sol se puso como la cintura de Doechii y el pelo de Paul Banks, es decir, caliente, bien caliente. La temperatura superó los 30° y los puestos de hidratación se vieron más activos que en las dos jornadas anteriores. En esa línea, los abanicos siguieron proliferando por todo el predio y la organización fue más permisiva a la hora del acceso con el bronceador en pote grande. Parecía que el otoño ya estaba instalado en Buenos Aires pero ayer tuvo que dar un paso atrás.

3. La cordura de Blood Orange e Interpol. Dos bandas que pisaron los dos grandes escenarios del festival y que, lejos de querer sobresalir, hicieron lo suyo con discreción y elegancia. Por el lado de Blood Orange, el set de los británicos fue estrictamente musical. Había quedado el tornado de tierra de los Viagra Boys pero aún así, el líder Dev Hynes construyó puro R&B alternativo y un soul progresivo a la orden del primer trago fresco de la tardecita. Y por el lado de Interpol, la secuencia fue parecida. No les interesó a los de Nueva York el sonido grueso que los envolvía del contexto. Ellos, de estricto negro, se clavaron bien quietos en el Samsung stage y fueron firmes soldados del postpunk alternativo más crudo y directo de la tarde.

Interpol y su masterclass de postpunk. FOTO: Florencia Daniel

#4. Los riffs coreados. Pasan las ediciones y los años y cada vez son más los artistas que destacan, además de la euforia y la pasión del público argentino, los coros a los riff de sus canciones. En este caso, tanto las chicas de The warning como los Viagra Boys terminaron sus sets agradeciendo ese gesto y algo asombrados por la contundencia de esos agites vocales improvisados y aceitados.

5. La performance del rap. Quedó probado después de su destacado Tiny Desk que Doechii, esa rapera picante de Florida, es tremenda cantante e intérprete además de rapear muchas secuencias de su cotidiano. Y quizás por eso, para su show en vivo, el planteo es diferente. Sale a bailar junto a cuatro bailarinas todas sus canciones que, a priori, son del mundo del rap. Además, estéticamente también metió un viraje de 180°. Desde su discografía se muestra urbana y con mucho cordón. Joggin, tops ajustados del mismo color y altas llantas. Pero desde el escenario se la vio selvática y natural, envuelta en un mundo lejos del barrio. Tanto es así que desarrolló todo el show descalza. Las caderas de Doechii, entonces, son casi tan bravas como sus versos. Baile y hip hop fueron las claves para los artistas que llegaron del género a esta edición Argentina.

Doechii y sus caderas que no mienten. FOTO: Adán Jones

6. La presencia Therian. Horsegirl está decidida a llevar la bandera de la nueva tribu urbana por todo el planeta. La DJ declaró hace unas semanas en Vogue que se siente mitad humana y mitad caballo. Bardea a los unicornios por caretas (y superficiales) y no deja que le hagan preguntas “en serio” sobre su condición Therian. Habla desde ahí y listo. Ah, y también pinchó algunos de sus temas cuando el sol caía en el escenario Perry´s.

7. La noche del nu metal alternativo. En el horario central del Samsung, los Deftones salieron frescos a probar Private music, su reciente disco. Fueron canciones extremadamente explosivas y con mucha identidad. Más allá de la versatilidad para el sonido pesado, la banda creó un lenguaje que, con el correr de los discos (ya van diez), fue echando raíces y hoy en día es totalmente reconocible. Quizás haya sido la banda que más remeras metió entre el público del tercer día del festival.  

El verano se paseó por el Lolla en una jornada muy calurosa. FOTO: Adán Jones

8. Los accesos con aire. Liberada la rutina camionera del viernes y la algarabía del fin de semana para el sábado, el domingo el tránsito disminuyó y los accesos al hipódromo de San Isidro estuvieron transitables durante todo el día. Ya dentro del predio, y por la experiencia algo incómoda de las dos jornadas anteriores, el campo vip de los dos escenarios más grandes fue reducido a su mínima expresión. Gracias a esa buena decisión de la organización del festival, los accesos y la procesión masiva se dio de manera mucha más ordenada y tranquila. Aún así, durante el show de Doechii, tuvieron que frenar varios minutos para que la gente de un paso hacia atrás. 

9. La paranoia de la gente. Hubo premio para los que decidieron no escuchar el debut de Sabrina Carpenter y quedarse en el escenario alternativo. Por un lado, por la lista de grandes éxitos que Ratones Paranoicos decidieron hacer (de “Rock del gato” y “Para siempre” a “Enlace” y “Ruta 66”) pero también porque al momento de tocar “Sigue girando” se subieron los escurridizos -y famosos internacionales- Paco y Catriel. Ambos platinados, rodearon a Juanse entre el canto y solos de guitarra mientras del otro lado un pogo rosa abrazaba las últimas nubes de tierra.

Rock y pogo para grandes y chicos con los Ratones Paranoicos. FOTO: Adán Jones

10. El hijo con la remera de Ryan y el padre con la de los Ratones. Lo que ya es un clásico del festival es ver contentos a toda la familia en el mismo predio. Ese fue el reflejo del padre con zapatillas de lona y el hijo con los pantalones de Messi. Ambos con mucho rock and roll y fieles a sus generaciones arriba del escenario. “Rock del gato” para el mayor y “Poné un disco” para el pibe y sus amigos. 

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