El guionista de ‘Scream’ revela el origen de la máscara de Ghostface, y es mucho menos espectacular de lo esperable

Pocas cosas dicen “slasher” como un psychokiller cubriendo su rostro con una máscara icónica que se quede grabada a fuego en el cerebro del espectador. Para el recuerdo quedan los diferentes looks de Jason Voorhees de la saga ‘Viernes 13’ —con su saco, su máscara de hockey y su versión futurista—, el Búho de ‘Aquarius’, el Cupido de ‘Un San Valentín de muerte’ o el grotesco Groucho de ‘El tren del terror’, por poner unos pocos ejemplos.

La caja del tesoro

Pero no todas estas creaciones imperecederas son fruto de un derroche de creatividad e inspiración sin parangón, y un buen ejemplo de ello está en el origen de la mítica máscara de Ghostface; el asesino cuyas diferentes encarnaciones llevan aterrorizando el pueblo de Woodsboro desde la primera entrega de la saga ‘Scream’, estrenada en 1996 bajo la dirección de un Wes Craven al que se echa mucho de menos.

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Con motivo del 25 aniversario del lanzamiento de la ‘Scream’ original, la gente de IGN ha publicado en exclusiva un vídeo en el que el guionista Kevin Williamson arroja algo de luz sobre la concepción —o, más bien, el descubrimiento— de la careta.

“Nadie pudo ponerse de acuerdo respecto a una máscara y recuerdo que estábamos haciendo scout de localizaciones y encontramos a Ghostface… en una caja llena de cosas en un garaje. Wes la miró inmediatamente y dijo, ‘Es como el famoso cuadro de El Grito’. Así que la llevamos a nuestro equipo de producción y dijimos… ‘Improvisa sobre esto… haz algo parecido’. Debieron hacer 20 diseños diferentes. El estudio rechazó cada uno de ellos y, finalmente, pensamos, ¿por qué no compramos los derechos de esta máscara?”.

La máscara en cuestión fue creada en 1991 como parte de la colección ‘Fantastic Faces’ de la compañía Fun World, quien posee los derechos sobre el diseño y el nombre “Ghostface” —lo cual debe haber sido bastante rentable desde el acuerdo alcanzado con Dimension Films a mediados de los 90—. Sea como fuere, y pese a lo poco glamuroso del asunto, esta historia queda a años luz del rocambolesco nacimiento de la careta de Michael Myers a partir de una réplica del rostro de William Shatner.

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